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EN ESTO SABEMOS QUE ESTAMOS EN ÉL

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PREFACIO -  INTRODUCCIÓN……………………………………………………………………………. 02

CAPÍTULO 1 – LA LUZ VINO AL MUNDO………………………………………………………….. 03

1.1 – LA SOCIEDAD Y LA DOCTRINA DE CRISTO……………………………………………….. 05

1.2 – LA ÚLTIMA GENERACIÓN Y SU COMPORTAMIENTO………………………………… 06

 

COMENTARIOS Y INTRODUCCIÓN AL CAPÍTULO 2 ……………………………………… 23

CAPÍTULO 2: CRISTO Y SU IGLESIA…………………………………………………………………. 26

2.1 – NUEVO TESTAMENTO – ¿QUÉ REPRESENTA PARA NOSOTROS?……………….. 28

2.2 – IGLESIA – PUEBLO HEREDERO DEL REINO DE DIOS………………………………… 29

2.3 – ÉL VIÓ EL PUEBLO QUE ACEPTÓ LA NUEVA ALIANZA…………………………….. 30

2.4 – UNO DE LOS PREPARATIVOS DE LA NOVIA: LIBRARSE DE LA

NATURALEZA HUMANA…………………………………………………………………………. …..33

2.5 – “…YO SOY EL CAMINO, Y LA VERDAD, Y LA VIDA…”……………………………….. 37

2.6 – LA BÚSQUEDA DEL PUEBLO DE DIOS………………………………………………………… 39

2.7 – ADORNADA COMO NOVIA: Ap 21:2…………………………………………………………….. 44

 

CAPÍTULO 3 LOS QUE ESTÁN EN CRISTO, SERÁN TOMADOS…………………… 51

3.1 – EL PUEBLO DE DIOS ESTÁ DE ACUERDO CON JESÚS……………………………….. 53

3.2 – ARREPIÉNTANSE PORQUE EL REINO DE DIOS SE ACERCA……………………… 55

3.3 – SOLO ANDAREMOS JUNTOS SE HAYA ACUERDO ENTRE NOSOTROS…….….   62

 

COMENTARIO FINAL………………………………………………………………………………………….. 68

 

 

 

 

 

 

 

 

EN ESTO SABEMOS QUE ESTAMOS EN ÉL

 

 

 

 

PREFACIO – INTRODUCCIÓN

 

 

 

Algunos versículos en las Escrituras Sagradas han llamado mucho nuestra atención, principalmente ahora, después de que tuvimos la oportunidad de conocer diversos aspectos que orientan la vida evangélica de un modo general.

A pesar de esta experiencia aún no representar base suficiente, para convencer a la poderosa estructura religiosa existente, creemos, ser una cuestión de deber, manifestar nuestro entendimiento en torno dicho asunto, aunque en nada seamos considerados.

Está saltando a los ojos de cualquier ser humano en toda la faz de la tierra, el extraño comportamiento del hombre de esta generación.La insensibilidad y la violencia son los factores de mayor crecimiento en los últimos años.Sin embargo, insisten las autoridades que ejercen gobierno sobre nosotros, en permanecer en el mismo camino equivocado de siempre, y en la contumaz esperanza de solución, a pesar de los números estadísticos apuntar, visiblemente, hacia el caos.

No nos es extraña la actitud de esas autoridades, pues que nada tienen que ver con la responsabilidad relativa al Evangelio de Cristo.Por el otro lado, lo que nos ha causado muchos problemas para entender es el procedimiento de ciertos segmentos, tenidos y havidos tomadas por testigos Cristo.

En vista de los anhelos que sentimos, queremos, con la gracia de Dios, hacer el conocimiento de más algunas personas, quiera Dios, nuestro punto de vista.

No es un trabajo para imponer doctrina, ni queremos incitar a nadie a la rebeldía.Te mostramos, que sabes tanto como nosotros, a analizar juntos, algunos aspectos traídos a la luz, por Dios, a nosotros.

El título, por sí solo, representa nuestra preocupación.Es tiempo de saber quién realmente está en Él; es tiempo de definición; el campo nunca estuvo tan maduro.

Si entendemos que no estamos en Él, seamos honestos y nos convertimos a Él. El tiempo es éste: Ahora;

“El juicio es éste: que la luz ha venidoal mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas (Juan 3: 19).”

Sin embargo, nadie debe aceptar la Doctrina de Cristo, por imposición, como también, se debe evitar cualquier tipo de presión, con el fin de hacerlo permanecer en Cristo.

La libertad de opción, el libre albedrío y el derecho de elegir su propio camino deben ser respetados íntegramente.

A título de aclaración, estamos dirigiendo a usted.

 

 

CAPÍTULO 1: LA LUZ VINO AL MUNDO

 

 

Creemos que, prácticamente todos los que habitan la tierra, tienen conocimiento de la venida, de la vida y de la Doctrina predicada por el hombre, el hijo del carpintero, el nazareno llamado Jesús y que, a partir de Él, dio inicio a un nuevo tiempo, excepción hecha tal vez a algunas pocas regiones, por las dificultades aún no superadas.

Cierto es que, constantemente, estamos escuchando declaraciones por parte de autoridades, que confirman lo que acabamos de decir.

Los medios de comunicación existentes en el mundo de hoy, por sí solos, garantizan esta expectativa.

El Espíritu Santo, a través de Pablo, dice que no importa la forma en que sería Cristo predicado y sí, que fuese predicado.

“Algunos efctivamente proclaman a Cristo por envidia y contienda; otros, sin embargo, lo hacen de buena voluntad.

Pero, ¿qué me importa? … (Filipenses 1: 15-18) “.

Es un aspecto muy importante a considerar. Cristo, de alguna manera está siendo anunciado. Si bien o si mal, no sé; si se toma en consideración, si se practica, se niega; no nos corresponde ningún juicio. Sin embargo, es importante una averiguación minuciosa al recibir la invitación para seguirlo; se debe discernir bien su voz, so pena de convertirse en un camino, cuyo fin será la perdición.

“No es por ser descendientes de Abraham son todos sus hijos (Romanos 9: 7; Juan 3:19).”

Queremos llamar su atención, primero para el versículo 3:19 de Juan. En él, tenemos la afirmación categórica y porque no decir, profética, de la luz haber venido al mundo, pero no haber sido bien recibida. ¿Habría ocurrido esto sólo en aquel tiempo o esta afirmación se viene, cada día, más evidente? La luz, sería Cristo en el aspecto físico o la referencia se refiere a su Doctrina? Su capacidad, toda especial, de analizar las Sagradas Escrituras existentes hasta entonces? O aún, no sería ella un conocimiento, un entendimiento, una sabiduría? ¿Virtudes que estuvieron ligadas a un sentido de justicia reputado como divino?

A partir de esta premisa, no tenemos ninguna dificultad en afirmar: la luz, a la que se refiere las Sagradas Escrituras, se trata del Evangelio de Jesucristo, más precisamente, su Doctrina.

Considerando que la palabra doctrina es la expresión de un conjunto de principios, que sirven de fundamento a un sistema, a una idea filosófica, entendemos que, un individuo para decir Cristiano, tendría que practicar sus principios, o, en última instancia, estar buscando su conocimiento.

Lo que no podemos entender y mucho menos admitir, es que alguien, diciéndose Cristiano, no practica, no conoce, o que, teniendo conocimiento, niega su eficacia.

Siendo la luz, la Doctrina de Cristo, ¿qué íbamos a llamar de tinieblas?

“Por medio de tus preceptos consigo entendimiento; por eso detesto todo camino de falsedad.

Lámpara para mis pies es tu palabra y luz para mis caminos (Salmo 119: 104-105).

No es difícil observar que Dios llama de luz a la Doctrina de Cristo y de tinieblas todo lo que a ella se manifiesta contrario. Luz y tinieblas entonces, son dos corrientes filosóficas, sin duda existentes en el mundo. La primera, representa la opinión de Dios, su Palabra, su justicia. La segunda caracteriza la doctrina del anticristo, su punto de vista, su opinión, y por qué no decir también, su justicia. Acontece sin embargo, que Dios clasificó esa justicia del diablo, como siendo injusticia y la llamó de trapo de inmundicia; mientras que a la de Cristo, se tituló lino fino.

“Pero todos nosotros somos con el inmundo, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia  (Isaías 64: 6)”

“Porque el lino finísimo son los actos de justicia de los santos  (Apocalipsis 19: 8).”

Sendo la justicia, la facultad de proceder siempre de forma correcta, exacta, impecable e imparcial .; la injusticia, al contrario, caracteriza un comportamiento faccioso. Como vemos, Dios designó por el nombre de luz lo que estuviera conforme a su justicia y tinieblas, toda injusticia, toda actitud contraria a Él.

 

 

1.1 – LA SOCIEDAD Y LA DOCTRINA DE CRISTO

 

No habiendo más duda, creo yo, en cuanto a lo que viene a ser luz y tinieblas, pasamos a discutir algunos detalles relacionados con el comportamiento de la sociedad, de la cual somos integrantes, y la Doctrina de Cristo.

Inicialmente, es bueno que reconocemos las condiciones encontradas por Cristo, cuando de su manifestación al mundo, en lo que se refiere, principalmente, a nuestro procedimiento. El mundo estaba en tinieblas, no había luz, andaban como ciegos, no sabían a dónde iban ni de dónde venían, no conocían la verdad y así sucesivamente. Él, sólo Él, era la luz perfecta, la dirección exacta, el camino correcto.

Yo soy la luz del mundo, quien me sigue no andará en las tinieblas, por el contrario, tendrá la luz de la vida (Juan 8:12)”.

Mostraba Jesús una separación entre lo que se tenía en la tierra (tinieblas) y lo que estaba llegando de nuevo a ella (luz). Lo que había era injusticia, y la novedad: JUSTICIA de Dios, es decir: su Doctrina, su palabra, su opinión, misterio que hasta entonces permanecía escondido de la mente humana. Cristo fue quien lo reveló.

“Vosotros sois aquí abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, Yo de este mundo no soy.

Si no creéis que Yo soy (allá arriba) moriréis en vuestros pecados (tinieblas, injusticia) (Juan 8: 23-24)”.

Hasta aquí estamos plenamente conscientes de que Jesús, realmente, no ha encontrado otra cosa que aquello que ya hemos resaltado; mucha confusión en relación al cumplimiento de la Ley de Dios: “muchos santos”, “muchos hijos de Dios”, “muchos doctores”, “muchos sabios” a sus propios ojos y un pueblo oprimido como consecuencia de aquella situación.

De antemano, es bueno subrayar que nuestro relato tiene como fundamento la Biblia Sagrada. Es en ella que buscamos toda inspiración. Así, no nos entenderán aquellos que se mantienen dudosos en cuanto a la veracidad de los hechos allí narrados y no aceptan su condición de libro inspirado por Dios. Si estamos afirmando ser aquella, la condición encontrada por Jesús, es exactamente, porque Él dejó traslucir, a través de sus declaraciones, las cuales fueron posteriormente, confirmadas por los que las oyeron.

Por otro lado, si buscamos en aquel manifiesto la base para expresar nuestra reflexión, es, sin duda, en el sentido de aceptar, como verdad incondicional, las narrativas neotestamentarias.

Presentamos este preámbulo, con el fin de llamar su atención sobre el hecho de que la Doctrina de Cristo es la Palabra de Dios, traída al mundo por Cristo, como luz, como solución, como última alternativa para un pueblo cuyo destino está delineado y definido. Nosotros estaremos irremediablemente perdidos si no aceptamos la opinión de Jesucristo.

 

 

1.2 – LA ÚLTIMA GENERACIÓN Y SU COMPORTAMIENTO

 

 

Si tomamos en cuenta la notoriedad de los hechos que ocurren actualmente, en todo el mundo, y los comparamos con las predicciones proféticas de las Sagradas Escrituras, especialmente con las relativas al Nuevo Testamento, vamos a concluir, sin mucha dificultad, que las señales indican la última generación. El tiempo de los gentiles está llegando a su fin. El dueño  de la casa está volviendo.

Así también, cuando veas que suceden esas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios  (Lucas 21:31)”.

¿Qué cosas serían éstas referidas por Jesús? Vamos a buscar de una forma más práctica posible, entender algunas de esas cosas.

Continuaremos insistiendo en el tema que se refiere a la luz, porque entendemos ser, de las señales que preceden a la venida de Cristo, lo que más evidencia presenta en el momento. Se está apagando, si no veamos, mediante una correlación de ideas:

- Doctrina de Cristo (Luz): “Aquel que hurtaba, no hurte más; antes trabaje, haciendo con las propias manos lo que es bueno, para que tenga que acudir al necesitado (Efesios 4:28).

- Sin duda, no es lo que vemos. Al contrario, estamos presenciando, a continuación, hechos que comprueban el estado degradante del hombre de esta generación. Soborno, enriquecimientos ilícitos, corrupción, mentira, codicia, abuso de autoridad, robo, hurto,  trampas, son comportamiento que dejan de estar vinculados, sólo a aquellos tenidos como marginales, para llegar a ser generalizados y perfectamente aceptables en medio de aquellos que, normalmente, tendrían que cohibirlos.

Quien furtava está robando más aún y quien trabaja, no lo hace, pensando en auxiliar a nadie, a no ser, algunas cortesías con sombrero ajeno.

- Doctrina de Cristo (luz): “No salga de vuestra boca ninguna palabra torpe y sí, únicamente la que sea buena para la edificación, conforme a la necesidad, y así transmita gracia a los que oyen (Efesios 4:29)”.

- Los medios de comunicación (Radio, Televisión, Cine, etc.) están ahí, mostrando la realidad.

Casi nada se aprovecha de lo que se oye o que se ve, y, en consecuencia de esto,  es la edificación en sentido contrario al cristianismo: sexo libre, niños mal educados, inversión de valores, pornografía, incitación a la riqueza, estímulos a la desobediencia y al exceso, y así sucesivamente.

Esto, en relación a Dios, nos edifica?

- Doctrina de Cristo (luz)? “Teniendo sustento y con qué vestirnos estemos contentos. Ahora bien, los que quieren quedarse ricos caen en tentación y trampas y en muchas concupiscencias insensatas y perniciosas, las cuales ahogan en la ruina y la perdición (1 Timoteo 6: 8-9).

- Comenzando por las naciones, la avidez por riqueza, domina, de forma contundente, el pensamiento del hombre de esta generación.

Como no podía dejar de ser, lo que vemos, es sólo el cumplimiento de la palabra que arriba transcribimos.

Las naciones, la mayoría de ellas dominadas por una minoría rica y ambiciosa, en virtud del endeudamiento prácticamente imposible de pagar, están viviendo, básicamente, en función de la deuda.

El espíritu de riqueza, codicia y ambición ha llevado a la actual generación a la ruina y la perdición. La violencia, la corrupción generalizada, el robo y la criminalidad, no son  consecuencias apenas, de la lucha normal del hombre por la supervivencia, hay algo más. El espíritu que opera esta desobediencia es de dominio, es de supremacía sobre los demás y no de igualdad.  Con esto, da lugar a la discriminación, al desnivelamiento social, a la aparición de clases dominantes, a la violencia generada, de un lado, como consecuencia de la revuelta de aquellos que no consiguen sus intentos; de otro, por el pavor de los grandes de igualar a los pequeños. No podemos entender, ser esto, sólo luchar por la supervivencia. Por lo menos, de una cosa tenemos plena convicción: no está de acuerdo con las enseñanzas de Jesús.

Doctrina de Cristo (luz): “Si, sin embargo, alguno de vosotros necesita sabiduría, pídala a Dios, que a todos da liberalmente, y nada les improvisa; y le será concedida (Santiago 1: 5)”.

- De acuerdo con los resultados alcanzados por el hombre, en los días en que vivimos, comprueban, sobradamente, la fuente donde él ha buscado sabiduría. No es necesario ser ningún experto para percibir todo lo que está ocurriendo. En todos los sectores, lo que se ve, es un desacierto, es una desarmonía total; y el fruto, como no podía dejar de ser, es odio, venganza y mucha confusión.

No tenemos dos naciones que representan las superpotencias mundiales, son ellas: Unión Soviética y los Estados Unidos de América del Norte.

No hace mucho tiempo, iniciaron sus programas nucleares, como bastante éxito por señal, habiendo alcanzado luego sus intentos, colocando hombres sobre el suelo lunar. De ahí en adelante, otros arrojados proyectos se llevaron a cabo. Sin embargo, hoy, están ahí a la vuelta con el problema que ellos mismos son responsables.

El mundo está armado nuclearmente, y su desarme, se vuelve cada vez más difícil.

No podemos negar, la contribución que tuvimos como consecuencia del avance nuclear; sin embargo, los daños y los riesgos son asustadores.

Hagamos las siguientes preguntas: ¿Cuál sería la intención inicial? ¿Qué había dentro de los corazones de aquellos hombres, en el principio? ¿Cooperación, ayuda, amor al prójimo, o un deseo maligno de dominar, de saber más, de constituir un imperio?

¿Cuál es la razón de que estos proyectos se desarrollen a escondidas? ¿Por qué tanta envidia cuando el éxito es alcanzado por otro?

“Esta no es la sabiduría que desciende desde lo alto; antes, es terrena, animal y demoníaca. Pues, donde hay envidia y sentimiento faccioso ahí hay confusión y toda clase de cosas malas.

La sabiduría, sin embargo, desde lo alto, es primero pura, después pacífica, indulgente, tratable, plena de misericordia y de buenos frutos, imparcial, sin fingimiento.

Ahora bien, es en paz que se siembra el fruto de la justicia, para los que promueven la paz (Santiago 3: 15-18)”.

En conclusión, habrían promovido la paz o la guerra? ¿Se han sembrado justicia o injusticia?

Quien no tiene paz, no puede transmitir paz y quien no tiene justicia jamás podrá sembrarla.

Doctrina de Cristo (luz): “Pero, si caminamos en la luz, como Él en la luz está, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo, su hijo, nos purifica de todo el pecado (1 Juan 1:7)”.

“Los sabios serán avergonzados, aterrorizados y presos; he aquí que rechazaron la palabra del Señor; ¿qué sabiduría es ésta que ellos tienen? (Jeremías 8: 9)”.

“Curan superficialmente la herida de mi pueblo, diciendo: paz, paz; cuando no hay paz (Jeremías 8:11)”.

“Viven en medio del engaño; por el engaño rechazan conocerme, dice el Señor (Jeremías 9: 6)”.

Lo que el profeta profetizó fue a nuestro respecto. Se refirió a nuestro comportamiento, y es con respecto a los que prometen paz cuando no existe paz; curación cuando no hay cura; y viven engañando y siendo engañados; que nos gustaría manifestar al respecto; no a título de juicio, sino para que podamos, al menos, tener el derecho de meditar y pensar un poco; de comparar las cosas espirituales con las cosas espirituales.

El Señor referido por Jeremías no es otra persona sino Jesucristo, es, a Él que rechazamos conocer, conformados con el engaño y viviendo en medio de él.

Cuando se comienza a entender las Escrituras sagradas, llega a ser indignante lo que se ve haciendo por ahí, en el nombre de Jesucristo.

Como hemos visto, si caminamos en la luz, como Él en la luz está, tenemos comunión unos con otros. Interesante! Decimos que la Biblia es la palabra de Dios, predicamos como si fuera, pero permanecemos en tinieblas. Y como dice el profeta: rechazamos la verdad. Afirmamos de esta forma con base, exactamente en las Escrituras Sagradas, pues no acabamos de constatar que si caminamos en la luz tenemos comunión unos con otros? El mundo, ciertamente, no puede tener comunión unos con otros, lo que es obvio, pues que, no está con la luz y no acepta la Doctrina de Cristo. Pero no es con referencia a él que estamos hablando y sí, de aquellos que, diciéndose Cristianos, predican, en el nombre de Jesucristo, caminos diferentes. Una cosa, forzosamente no es correcta. No podemos continuar así, después de todo, es en consecuencia de nuestra comodidad, el crecimiento de la iniquidad. Si hay falta de luz, ¿cómo vamos a esperar que no haya tinieblas? Aunque, proféticamente, todo debe ocurrir así, mientras estamos afirmando estar en la luz, debemos dar a ella, la consideración que se le debe.

Hay una infinidad de denominaciones religiosas, cada una diciéndose verdadera y llamando para sí el mayor número posible de miembros, prometiéndoles salvación, paz, curación, etc. Sin embargo, “A” no está de acuerdo con “B”; “B” no comulga las ideas de “C” y así sucesivamente. Nosotros los miembros, llamamos unos a otros de hermanos teniendo sin embargo la preocupación, inmediata, de preguntar: ¿cuál es su iglesia? En una actitud clara de resguardarse contra aquel que a poco, llamamos hermano. Dependiendo de la respuesta, la conversación tiene que parar por allí mismo, bajo pena de ocurrencias desagradables. Pregunto: ¿es esto luz? ¿Por qué no hay comunión unos con otros? Escriturísticamente, sólo cabe una respuesta: No andamos en la luz como Él está en la luz. Podemos incluso caminar en la luz, pero no como Él está en la luz. Y, con esto, la sangre de Jesús no puede purificarnos de todo pecado.

Es necesario que estemos plenamente de acuerdo con Él para beneficiarnos de su sacrificio. En caso contrario, estamos en tinieblas, es decir, bajo interferencia del gobierno demoníaco del diablo, engañoso en todos los aspectos, no habiendo restricción.

“… si no creéis que Yo soy (la luz) moriréis en vuestros pecados (Juan 8:24)”.

¿No es ésta la realidad de los hechos?

Vivimos en un esfuerzo impar, en el intento de encubrir toda esta verdad. Son explicaciones y más explicaciones que en el máximo logran justificar los escándalos y fracasos, no convenciendo todavía, sino los incautos, cuyos corazones fácilmente se dejan llevar por suaves palabras de lisonjas.

Doctrina de Cristo (luz): “Nadie puede servir a dos señores; porque o ha de aburrirse de uno, y amar al otro; o se dedicará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios ya las riquezas.

Por eso os digo: No andéis ansiosos por vuestra vida, en cuanto a lo que habéis de comer o beber; ni por su cuerpo en cuanto a lo que habéis de vestir … (Mateo 6: 24-25)”.

- Uno de los temas bastante claro en las Escrituras se refiere al peligro que se corre a alguien que, inadvertidamente, envuelve con riquezas relativas a este mundo.

Es innegablemente, uno de los asuntos más polémicos en las iglesias, y lo que se ve, es un frustrado intento de justificar procedimientos contrarios a los principios cristianos, acogiendo doctrinas que incentivan y estimulan la competencia por riquezas, utilizando para ello, sin ningún temor, sus propios templos y por increíble que parezca la propia Escritura Sagrada.

¿Cómo vamos a entender el crecimiento del Evangelio de Cristo, cuando las propias iglesias están torciendo las verdades en él contenidas?

Evangelizar, ¿no sería transmitir a una persona la Doctrina de Cristo, su pensamiento?

El Evangelio, desgraciadamente, ha sido utilizado en el sentido de arrestar al individuo a una determinada “Iglesia” y no en su verdadero objetivo de convertirnos al entendimiento preconizado por Jesús.

En razón de esto, el resultado es desastroso desde todos los puntos de vista. De un lado, perjudica, considerablemente, a los que imbuidos del propósito de servir a Dios, predican a Cristo como Él es; y por otro lado, más triste por señal, es la depreciación del valor que es debido al Evangelio de Cristo.

Es fundamental para quien busca conocer la Doctrina de Jesús, entender, lo más rápido posible, que se trata de la luz para el mundo. Fue Dios mismo que se hizo carne y habitó entre nosotros, con esta finalidad: Tomar comentarios definitivos correspondientes a la vida de los espíritus creados por Él, cuando éstos, viven los días de su carne.

Dejar de creer lo que Jesús habló y dar crédito a otra opinión diferente, es jugar fuera todo sacrificio hecho por Dios, para que nosotros también pudiéramos participar de las grandezas que están por ser reveladas, en la manifestación de Cristo.

“Ahora bien, cuando el Supremo Pastor se manifieste, recibiréis la imperecedera corona de la gloria (1 Pedro 5: 4)”.

Es incontestable, la existencia de una maniobra astuta y muy bien desarrollada, por parte del anticristo y sus ministros, en el sentido de crear el mayor obstáculo posible a la asimilación de los principios cristianos.

Como ellos usan siempre de subterfugios y engaños, residen en ello las mayores dificultades para los que empiezan a caminar hacia el reino de Dios.

En la relación hecha por Jesús entre los dos señores, colocando, de un lado Dios y de otro las riquezas, muestra, de una manera fantástica su visión profética en torno al asunto. Sabía Él que el diablo usaría este poderoso instrumento, las riquezas de este mundo, como forma de dominar y mantener cautivos a los hombres de este siglo. De ahí el motivo de las innumerables alertas en este sentido, en toda narrativa neotestamentaria.

El siglo actual, pautado por el crecimiento tecnológico, ofrece al hombre condiciones de vida mucho más allá de las que normalmente él necesitaría. Con esto, se estableció un campo de competición y lucha desenfrenadas, en el sentido de adquirir lo máximo posible de lo que es ofrecido, causando resultados sombríos e inesperados.

La variación de las ofertas, cada vez más creciente, estimula los negocios ilícitos, el robo y el hurto, la violación de salarios, las injusticias, las vanidades, el exhibicionismo y así sucesivamente.

Difícilmente, el hombre involucrado con este tipo de vida, tendrá condiciones de responder, de una manera justa, ante Dios.

Como dice las Escrituras: “O hay que aburrirse de uno, y amar al otro; o se dedicará a uno y despreciará al otro (Mateo 6:24).

Quien caiga en esta red sólo por la misericordia de Dios se verá libre de ella.

Doctrina de Cristo (Luz): “De la misma suerte, que las mujeres, en traje decente, se atavien con modestia y buen sentido, no con cabellera rizada y con oro o perlas, o ropa costosa, pero con buenas obras (como es propio a las mujeres que profesan ser piadosas).

La mujer aprenda en silencio, con toda la sumisión.

Y no permito que la mujer enseñe, ni que ejerza autoridad sobre el marido; pero esté en silencio.

Porque primero fue formado Adán, después Eva.

Y Adán no fue engañado, pero la mujer, siendo engañada, cayó en transgresión.

Sin embargo, será preservada a través de su misión de madre, si ellas permanecen en fe y amor y santificación, con buen sentido (1 Timoteo 2: 9-15)”.

- Es bueno, siempre recordar, de la capacidad que posee el anticristo de producir armas contrarias a la doctrina cristiana.

El cristianismo se trata de una práctica de principios y disciplinas que tienem por objeto a la resurrección de los muertos o la transformación del cuerpo si la venida de Cristo ocurre antes de la muerte, mediante una firme determinación y fe en todo el mandato de Dios, confiriendo a Jesús Cristo, y delegado por éste a otros.

Cualquier doctrina, incluso con el rótulo cristiano, que no conduzca a sus adeptos a la esperanza de vida en un nuevo cuerpo; a la esperanza de posesión definitiva de toda herencia prometida a Jesucristo, no puede ser considerada verdadera Doctrina de Cristo. Todo lo que el cristiano pretende es de alguna manera, alcanzar su redención, su participación en el reino eterno de Nuestro Señor Jesucristo.

Cualquier otra enseñanza que se oponga a la Doctrina de Cristo, debe ser, de inmediato, considerada perniciosa.

Las enseñanzas de Jesús son intocables.

Pasará el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasarán (Mateo 24:35)”.

Cuando referimos a las enseñanzas de Jesús, estamos automáticamente, incluyendo todo el Nuevo Testamento.

Los enviados de Jesús representan el propio Dios; son sus embajadores.

Quien os oye, me oye; y, quien os rechaza, a mí rechaza; pero quien me rechaza, rechaza al que me envió (Lucas 10:16)”.

Dios envió a Jesús y éste continúa enviando discípulos.

El rechazo a uno de esos enviados de Jesucristo, constituye en declaración de enemistad con Dios. También, la acogida a quien no fue enviado por Jesús, representa oposición a Cristo.

Lo que hicimos, después de la transcripción de algunos versículos de la carta de Pablo a Timoteo, fue enfatizar el valor del testimonio de quien es enviado por Dios, en este caso, el Apóstol Pablo, antes de hacer comentarios sobre el procedimiento de la mujer de hoy, en relación a lo que Pablo dijo.

El apóstol habló en el nombre de Jesús, como embajador de Cristo.

El ministerio de aquel hombre fue aprobado por Dios. La prueba más evidente, es exactamente la anexión de sus escrituras a la Sagrada Biblia.

Ante esto, sinceramente, yo no tendría coraje de oponerse a nada que haya sido afirmado por él. Con mucho más razón, por tratarse de escrituras sagradas.

Fue burlando esas escrituras que el hombre poco a poco, se alejó de Dios o que Dios se alejó del hombre.

Lleguen a Dios y él se llegará a vosotros (Santiago 4: 8)”.

Ciertamente, la recíproca también es verdadera: se aleja de Dios y él se alejará de ti.

Es como la luz y la oscuridad. Una se aleja con la aproximación de la otra.

… pero el que me niegue delante de los hombres, también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos (Mateo 10:33)”.

¿Estaría la mujer de hoy, procediendo, de conformidad con la orientación de Dios? ¿Podríamos considerar a la mujer de los días actuales, como cristiana?

Con rarísimas excepciones, el cuadro que se ve, es profundamente entristecedor.

Ellas se están oponiéndose, frontalmente, a las enseñanzas cristianas y volviéndose causantes de una cantidad enorme de problemas.

Con qué facilidad las mujeres se adaptan a las cosas que no traen la aprobación de Dios. Se engaña, sin ninguna dificultad, una y otra vez, día tras día, sin admitir sus lugares.

“… aprenden siempre y jamás pueden llegar al conocimiento de la verdad (2 Timoteo 3:7)”.

En razón de esto, de la ascensión sin juicio de la mujer, el procedimiento del hombre se ha convertido, cada vez más, deshonroso y despreciable. Es que, esa ascendencia, evidencia, debilidad y falta de carácter del elemento masculino.

No estamos caprichosamente posicionando contra las mujeres, sino llamando su atención a la observancia de los hechos que están ocurriendo. Se invierte los valores, creándose una fuerte resistencia a la verdad. Si es que admitimos, la Doctrina de Cristo, como la verdad. Alias, lo que estamos queriendo, realmente, es aclarar que el comportamiento del hombre de un modo general, a la luz del Evangelio, no le está dando el derecho de ser llamado cristiano.

El diablo ciertamente no se olvidó, que la mejor manera de derribar a un hombre es utilizando a la mujer.

Las mujeres sean sumisas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es la cabeza de la mujer, como también Cristo es la cabeza de la Iglesia, siendo este mismo Salvador del cuerpo.

Como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las mujeres sean en todo sumisas a sus maridos (Efesios 5: 22-24)”.

Porque nadie ha odiado jamás su propia carne, antes la alimenta y la cuida, como también Cristo lo hace con la Iglesia (Efesios 5:29)”.

Por eso dejará el hombre a su padre ya su madre, y se unirá a su mujer, y se convertirán los dos una sola carne (Efesios 5:31)”.

“… Cualquiera que repudia a su mujer, excepto en caso de relaciones sexuales ilícitas, la expone y se vuelve adúltera … (Mateo 5:32)”.

Tenemos suficiente base escriturística, además de otras que podríamos utilizar, para solidificar nuestro punto de vista y llevarlo a su apreciación.

Siendo el Apóstol Pablo, un enviado de Dios, con misión específica de abrir nuestros ojos, cuál sería su reacción, como cristiano, ante su parecer?

¿Acepta o rechaza la Doctrina anunciada por el Apóstol de los gentiles?

Al principio, no puedo admitir a un cristiano discrepante de la Doctrina que Pablo predicó. ¿Cómo sería él cristiano, rechazando al que fue enviado por Cristo?

Con base en este principio es que pretendemos concluir, que de conformidad con la dirección dada por Dios, es más que evidente, la rebeldía de la mujer, en relación a la Doctrina de Cristo.

Si estamos de acuerdo, estaremos también, por análogo raciocinio, admitiendo la falta de conocimiento del hombre, en relación a Dios, pues éste, lógicamente, tendría que orientar a la mujer.

Una vez más afirmo: Esto sólo tiene sentido para quien confía en la inviolabilidad de las escrituras sagradas.

Pero, aunque nosotros mismos o un ángel del cielo os anuncie otro Evangelio más allá de lo que ya os he anunciado, sea anatema (Gálatas 1: 8)”.

Después de las consideraciones hechas vamos a analizar juntos la compostura de la mujer en relación a la Doctrina de Cristo. Sus actitudes, sus reacciones, su postura, sus reivindicaciones, en fin, si está, realmente desempeñando su función de acuerdo con Dios.

De la misma suerte, que las mujeres, en traje decente … (1 Timoteo 2: 9)”.

Tal vez, para muchos, no importa la manera de vestir, pero para Dios, es bastante claro las Escrituras, tiene mucho que ver.

Nosotros, muchas veces, no tenemos condiciones de evaluar la amplitud del mal, o incluso lo que sea mal. Dios, sin embargo, lo conoce perfectamente.

Si no fuera un mal, Pablo no habría hecho restricciones en cuanto al modo de vestirse y de comportarse de la mujer.

La avalancha de problemas que sobrevino al mundo, después de los incentivos a la permisividad, el liberalismo, la libertad sexual, son incalculables.

Fue exactamente, en consecuencia de esos engaños, que la generación de hoy perdió, incluso la noción de decencia.

Lo que hace poco tiempo se consideraba nocivo a la sociedad, hoy, no lo es más. O en realidad no era, o nos acostumbramos con el mal. Esto viene ocurriendo en varios sectores, sin embargo, no refiriéndose al decoro de la mujer es, sin duda, una de las ofensas más graves a Jesucristo, practicada por esta generación.

La actitud de la mujer, respetando, por supuesto las excepciones, se han convertido, gracias al éxito alcanzado por los anticristos, en descarada ofensa a las enseñanzas cristianas y por consiguiente a Dios.

Creo que no es necesario mostrar, detalladamente, los caminos que tomaron. Busque observar la opinión de Dios, a este respecto, y verifique, usted mismo, se confiere con lo que sus ojos han visto. No será difícil la conclusión de que es exactamente lo contrario.

¡Traje decente, vean ustedes! ¿Qué falta para ser más indecente? Ciertamente vendrá el nudismo y no será considerado falta de decoro, en virtud de la inexistencia de moral.

De un pueblo rebelde y una sociedad que resolvió tomar un camino contrario a aquel determinado por Cristo, todo podemos esperar.

“… se atavien con modestia y buen sentido, no con cabellera rizada y con oro, o perlas, o ropa costosa …” I Tim 2: 9

Quieren justificar el desvío de la mujer, atribuyendo a (usos y costumbres) su manera de vestir. En realidad lo es, sólo que, son malos usos y malas costumbres.

Le falta modestia; le falta buen sentido; le falta simplicidad. No saben más qué hacer para destacar y proyectarse, sea cual sea el ambiente.

Es común ver en los lugares donde normalmente tendrían que ser considerados santos, verdaderos desfiles de modas y arreglos tales que, espelan o la ignorancia o la desobediencia de la mujer, en relación a la Palabra de Dios.

En ciertos ambientes podemos admitir como falta de conocimiento, en otros sin embargo, no. Por el contrario, caracteriza desobediencia y resistencia a la Palabra de Dios. Para estas, la piedra elegida y preciosa, puesta en Sión para la salvación, se convirtió en piedra de tropiezo. No están de acuerdo con el parecer de Jesucristo y sus comportamientos, lo resisten frontalmente.

“Así dice el Señor: No aprendas el camino de los gentiles …” Jeremías 10: 2

“Porque las costumbres de los pueblos son vanidad,” Jeremías 10: 3.

“… vosotros, sí, que antes no erais pueblo, pero ahora sois pueblo de Dios, que no habéis alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.” 1 Pedro 2:10

Nosotros, cuando aceptamos a Jesús, como habitualmente se dice en el medio evangélico, no se trata de una aceptación física o no se debe considerar así, sino de la admisión de una nueva mentalidad. Hay que existir por parte del hombre o de la mujer cristiana, la acogida a su nueva característica de vida, lo que va a distinguir al pueblo de Dios. Por esta razón, Pedro dice: vosotros, sí, que antes no erais pueblo, sino que ahora sois pueblo de Dios.

Nuestro Señor, a partir de aquel día, pasa a ser Jesucristo. Antes, estábamos sin Dios y bajo otro gobierno.

Todo lo que dice el Señor es para nuestra edificación, nuestro perfeccionamiento y nuestra salvación.

Es mediante el conocimiento de nuestro nuevo Señor, que vamos, poco a poco escapando de las contaminaciones del mundo. II Pedro 2:20, I Pedro 5:10

El pueblo de Dios tiene otro camino. Sus costumbres son completamente diferentes. Es un pueblo esparcido por todo el mundo, sin embargo, su camino y sus costumbres son lo mismo y divergen de los demás pueblos.

Nuestro Señor es el mismo Señor de Sara y las santas mujeres que esperaban en Dios. Él no se modernizó ni cambió de opinión sobre el comportamiento de las mujeres.

“No sea el adorno de las esposas lo que es exterior, como el frisado de cabellos, adornos de oro, aparato de vestuario,” I Pedro 3:3.

Es evidente que el Señor no está de acuerdo con las costumbres de los pueblos y ni anda en el camino de los gentiles y, si queremos andar con él es bueno que nos asimilamos a los usos y costumbres de su pueblo.

Los dos Apóstoles, enviados por Él, tienen el mismo punto de vista, es decir: las mujeres que hacen parte del pueblo de Dios deben vestirse decentemente, sin adornos y sin ostentación.

Las gentias, acostumbradas a una vida diferente, siguen el curso del mundo, ostentándose de la mejor forma posible.

Nadie debe imponer ni hacer obligatorio el uso de determinado tipo de ropa, para uno o para otro sexo. Por sí solo, cada uno, juzgue lo que es decente y lo que se conviene vestir. Es, de acuerdo con el conocimiento de Jesucristo que vamos, poco a poco, asimilando nuestra nueva vida. No todo lo que hacíamos es conveniente continuar practicando. Si convertimos al Señor, también se entiende que aceptamos su gobierno.

La justicia, (opinión de Dios) venida a través de Cristo o de uno de sus enviados, es fundamento, es base, para quien pretende heredar el Reino de Dios, participando así, de la primera resurrección; siendo dispensado del juicio final.

“En verdad, de cierto os digo: Quién oye mi palabra y cree en el que me envió, tiene vida eterna, no entra en juicio, sino pasó de la muerte a la vida.” Juan 5:24

La Doctrina de Cristo ha sido desacreditada y relegada a un plan tal, que la coloca como algo, inexplicablemente, insignificante.

La culpa, sin duda, recae sobre aquellos, cuyo procedimiento deshonesto, está llevando el propio Cristo al vituperio. Diciendo cristianos, proceden de manera contraria a la Doctrina del Señor, que por ellos murió en la cruz.

“En cuanto a Dios profesan conocerlo, sin embargo lo niegan por sus obras, por eso que son abominables, desobedientes y reprobadas para toda buena obra.” Tito 1:16

“Es necesario hacerlos callar, porque andan pervirtiendo casas enteras, enseñando lo que no deben, por torpe codicia.” Tito 1:11.

Quien no quiera dar crédito a la verdad, acabará cediendo a la mentira. II Tes 2:7-12

No es para nosotros una situación muy cómoda. Estamos delante de dos puertas, una estrecha y otra ancha; delante de dos caminos, un apretado y otro espacioso. Mateo 7:13-14

Como si no bastara esta dificultad, contamos con la eficaz colaboración de los falsos profetas, que disfrazados de una santidad aparente trabajan, eficazmente, en el sentido de crear, aún más, problemas para nosotros.

Es bueno que las mujeres sean buenas amas de casa. Ellos hacen todo para hacerlas pésimas amas de casa.

Es bueno que ellas sean maestras del bien, a fin de instruir a las más jóvenes. Ellos, las confunden tanto, que hacen maestras de vanidad y futilidades.

Es bueno que sean sujetas a sus propios maridos. Ellos las fomentan a la rebeldía.

El marido es la cabeza de la mujer, bajo quien debe pesar la dirección del hogar. La cabeza es quien gobierna el cuerpo. Sin embargo, están consiguiendo invertir estas posiciones, mediante un trabajo, sin duda, muy bien organizado. Hay grandes asociaciones trabajando en este sentido. Alejar a la mujer de su verdadera obligación y seccionarse de su cabeza. Cuerpo sin cabeza, pienso yo, no puede funcionar, pero es lo que están haciendo.

No se permite a la mujer enseñar ni ejercer autoridad sobre el marido. Ellos, sin embargo, consiguieron, a hurtadillas, mediante una valoración falsa y deshonesta de la mujer, hacer que ésta juzgara con el derecho de oponerse al marido e incluso enseñarle, rompiendo con esto, el vínculo más eficiente en el fortalecimiento del hogar. Aunque siendo la esposa cristiana y el marido no, permanezca en su lugar, con mucho más razón aún, respetando la autoridad (derecho de hacer obedecer) conferida por Dios al hombre. Esta inversión de posición, fue una de las grandes conquistas de satanás.

Sin embargo, será preservada a través de su misión de madre.

Ellos, para satisfacer el deseo de sus padres, que no es otro que el diablo, atrapando a la mujer en la ilusión y sacan de ella lo que le es fundamental en su buena relación con Dios, es decir, la misión de madre, que es bueno que se diga, no puede ser considerada sólo como dar a luz a un niño, y si, vivir con ella, enseñarla, amarla, dirigir sus pasos hacia un crecimiento sano y honesto en todos los aspectos, preparándola para el conocimiento de la verdad y haciéndola libre de las contaminaciones del mundo que envuelve, entre otras cosas, la insubmisión al marido.

Aquellos que están contra la Doctrina de Cristo, los enemigos de Dios, que pronto manifestarán adeptos del anticristo, no están equivocados en romper la cadena de autoridad en los hogares, al contrario, realizan gran obra, con el fin de confundir al pueblo de Dios en consecuencia, acarrear para la Iglesia, mucha tribulación. La Iglesia aquí, no se refiere a los prostíbulos de punta de calle, pero al pueblo de Dios, que incluso bajo gran oposición y persecución, sostiene el testimonio de Cristo.

Porque el marido es la cabeza de la mujer, como también Cristo es la cabeza de la Iglesia, siendo este mismo salvador del cuerpo.

El natural fue siempre usado por Dios, para reflejar lo espiritual.

La situación de las Iglesias, hoy, es una copia de lo que está ocurriendo en los hogares.

La mujer (Iglesia), no sujetándose a su cabeza (Cristo), comete transgresión y desobediencia al Evangelio de Jesús (infidelidad conyugal), contribuyendo decisivamente a su rechazo (desobrigación conyugal) y, finalmente, lo inevitable sucede, la prostitución (relajación total), dejando de poseer fuerza y moral, para exigir de los hijos, la obediencia a los mandamientos y preceptos. Pierde lo que le es más caro y lo que le da autoridad (su cabeza). Pierde al esposo, pierde a Cristo y la dirección de Dios.

Ha sido así: la mujer en el hogar y la Iglesia en la sociedad. Una desmoralizada allí y la otra aquí. Una no se sujeta al esposo, con quien contrajo matrimonio convirtiéndose en un solo cuerpo, prometiéndole todo y no cumpliendo nada. La otra, a su vez, realiza lo mismo, no se somete a Cristo. Con sus procedimientos lo difama y lo avergonza. Estas mujeres (iglesias y esposas), ostentan una apariencia de vida conyugal, en realidad sin embargo, están separadas de sus esposos. En la práctica del adulterio y en la resistencia a la autoridad del marido, abrieron precedentes para ser repudiados.

“Dondequiera que vayas, yo iré, y dondequiera que posares, allí me posaré; tu pueblo es mi pueblo, tu Dios es mi Dios. “Rut 1:16

Como es hermoso ver esto, al pie de las invitaciones de boda y cómo es triste ver la realidad vivida, principalmente, en lo que se refiere a Cristo y la Iglesia.

Es verdad que no es sólo el problema de la mujer. Junto como éste, muchos otros son responsables del desequilibrio social. Sin embargo, los incentivos para llevar a las mujeres a asumir posiciones tales que, las obligan a un alejamiento del hogar, se están volviendo responsables y conduciendo a la humanidad a un desastre total.

Ahora! Si es precisamente allí, en el hogar, el lugar ideal para educar a los hijos, ¿qué se pretende con su desorden?

¿Quién va a enseñar a nuestros hijos el camino de la vida?

Cuando la sociedad requiera sus servicios, estarán debidamente preparados para contribuir, en la edificación o en la destrucción del hombre?

¿Quién tendrá paciencia como nosotros, en su educación? ¿Quién soportará sus defectos y reconocerá sus virtudes? ¿Quién? Me pregunto. Nosotros, los padres. Es la única respuesta, sinceramente honesta. En caso contrario, el mundo educará a su manera, verdaderos monstruos, inhumanos, irreverentes, implacables, insaciables, amigos de sí mismos, egoístas al extremo, cuyo Dios, se convertirá en sus propios vientres.

El Apóstol Pablo, a mil ochocientos años aproximadamente, hizo con mucho más detalles, una descripción perfecta acerca de la calidad de hombres que habríamos en los días de hoy. Verdaderos enemigos de Dios. Después de relatar sobre esta especie de gente, dijo así: “Tú, sin embargo, permanece en lo que has aprendido, y de que has sido enterado, sabiendo de quién lo has aprendido. Y que desde la infancia sabes las sagradas letras que pueden llegar a ser sabio para la salvación por la fe en Cristo Jesús. “II Tim 3: 14-15

Vean el detalle: desde la infancia aquel niño estaba siendo preparado. Desde la infancia, también los niños de hoy, están siendo educados con orientación específica, visando nítidamente, la negación de las enseñanzas cristianas. Exactamente lo contrario de la educación recibida por Timoteo.

La providencia inicial de esta orientación demoníaca es, sin duda, crear todo tipo de engaño posible, objetivando la desatención de los padres en relación a sus hijos, en el proceso de educación de conformidad con los principios verdaderos, principios cristianos.

Creo que nosotros, ahora, después de todo lo que hemos visto, a pesar de tantas otras cosas relacionadas con el mismo tema, y que no hemos hecho ninguna observación al respecto, tenemos, suficiente comprensión y una buena perspectiva para entender que el hombre de un modo general y particularmente la mujer, en el análisis que hicimos, está gradualmente, como el sol que se esconde, dejando de ejecutar la tarea que le fue atribuida por Dios, convirtiéndose en factor de contribución decisiva en el proceso de degradación y desnaturalización del ser humano, que a los ojos de los hombres evoluciona, a la luz del Evangelio, sin embargo, se está deteriorando espantosamente.

¿Sería la voluntad de Dios lo que estamos presenciando hoy en términos de vida en los hogares?

Los hijos preparados por nosotros, en casa, están siendo luz para un mundo de tinieblas, o los lanzamos allí, para hacer más densa la oscuridad?

¿Cuál es el conocimiento de Dios que los padres hoy transmiten a sus hijos? Ha sido, lo que ellos recibieron de sus padres o peor, si no se convirtieron al Señor.

¿Cuál será el comportamiento de las jóvenes casadas, en lo que se refiere a sus tareas domésticas? Como sus madres, también proceder. El camino que enseñamos, es este el camino que ellos aprenden a caminar. De ahí la razón lógica, por la cual, de generación para generación, el diablo procura debilitar la educación en el hogar, imponiendo a los padres doctrinas de demonios.

¿El joven ha recibido la formación ideal en casa, que venga a capacitarle a ser buen esposo, un padre ejemplar, un educador?

Desafortunadamente, con lo que normalmente se preocupa en los días de hoy, es la formación profesional del niño y no moral.

Ellas son conducidas, criminalmente, al mundo de competición, de tal forma que no admite ninguna posibilidad de fracaso, pérdida o derrota. Pretenden la parte superior, el mejor lugar, el nombre más importante, la mejor apariencia, lo que sea más rentable y lucrativo, la mejor familia, el más “honesto”, más rico, y así sucesivamente.

Esta es la tendencia de la doctrina practicada en nuestros días. Es innecesario decir que no concuerda con la Doctrina de Cristo, tamaño egoísmo que se nota en estos principios.

Es evidente, que no alcanzando lo que sus padres pretendieron, no casándose con quienes los padres deseaban, no consiguiendo la riqueza soñada, no haciéndose importantes, estarán, fuertemente, propensos a un fracaso en el hogar y en la sociedad. La vida se convertirá, para ellos, como un martirio. Intentarán imponer al cónyuge la culpa del fracaso o no soportarán el uno al otro. Irán a buscar de todas las formas posibles, imposibles e incluso criminales, alcanzar la gloria, vencer en la vida, desde el punto de vista de sus padres y no de conformidad con las enseñanzas cristianas.

Haga una evaluación de los resultados alcanzados por la actual generación y verifica si hemos aplicado las enseñanzas de Cristo o del anticristo.

¿Somos parte de la novia o miembros de la prostituta?

“Mi pueblo consulta su pedazo de palo, y su vara le da respuesta, porque el espíritu de prostitución los engaña, y prostituyéndose abandonan a su Dios”. Oseas 4:12

“Quien es sabio que entienda estas cosas, quien es prudente que las sepa, porque los caminos del Señor son rectos y los justos caminarán en ellos, pero los transgresores en ellos caerán.”

A veces, aunque repetitivo, es imprescindible subrayar que el anticristo y sus seguidores son contra las enseñanzas cristianas. Esto se hace necesario en razón de la facilidad, que llega a ser inexplicable, de nuestra participación con ellos y con sus ideas.

Tenemos una disposición enorme para hacernos imprudentes; aceptar lo que no es recto; desviar del camino de los justos y por extraña razón, apreciamos los consejos de los impíos, los cuales transgreden clarividentemente, la opinión de Jesucristo y de aquellos que, por obediencia a su palabra, se convirtieron en sus discípulos.

Muchos evitan tomar conocimiento, tal vez con temor de admitir su posición contraria a Cristo o, quizás, alimenta la esperanza de que Jesucristo no sea Dios y sus afirmaciones no sean la expresión de la verdad, lo que sin duda es tremendo engaño, pues toda Ley y todos los profetas dan testimonio de que Jesucristo es el Señor.

“Todavía yo soy el Señor tu Dios desde la tierra de Egipto; por tanto, no conocerás otro sino yo.” Oseas 13: 4.

Esperar por otro Dios es demostración de mucho coraje.

“Dios resucitó al Señor y también nos resucitará a nosotros por su poder.

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Y yo, ¿acaso tomaría los miembros de Cristo y los haría miembros de ramera? Absolutamente no.

¿O no sabéis que el hombre que se une a la prostituta, forma un solo cuerpo con ella? Porque, como se dice, serán los dos una sola carne.

Pero el que se une al Señor es un espíritu con él.” 1 Corintios 6: 14-17

De ahí para notar, perfectamente, la existencia de apenas dos cuerpos, el de Cristo y el de la prostituta. O somos miembros de uno u otro. Aquel que se une a Cristo es miembro de su cuerpo y lo que a él niega, uniéndose a la prostituta, se vuelve con ella un solo cuerpo.

Sólo habrá malditos y benditos y ninguna otra masificación más. O estamos en él o fuera de él.

 

 

COMENTARIOS Y INTRODUCCIÓN AL CAPÍTULO 2

 

 

El propósito de la realización de este trabajo, como ya hemos señalado, tiene como finalidad la concientización y a título de orientación, poner en evidencia, hechos que comprueban la decadencia del cristianismo, a pesar de la apariencia de las obras realizadas y religiones existentes.

En razón de esto, hicimos algunas comparaciones mostrando lo que practicamos y lo que, según el Evangelio de Cristo, deberíamos realizar, para obtener la calificación atribuida a un individuo practicante de aquella doctrina.

La relevancia dada al comportamiento de la mujer, no fue con otra intención si no mostrar, el mal que ha venido sobre ellas, a través de una doctrina demoníaca existente en el mundo, doctrina esta, como no podía dejar de ser, anticristiana.

La importancia, el valor atribuido a la mujer por Dios, es tan precioso, que al alejarse de su verdadera función acarreó, para la humanidad, perjuicios incalculables.

Se creó específicamente para realizar tareas que sólo se ejecuta con perfección.

En todos los seguimientos de la vida, ha habido exageración, desequilibrio, malentendido y un crecimiento de insatisfacción entre los hombres como un todo. A pesar del confort, el suministro y las ofertas aparentemente prometedoras, el hombre no ha logrado su contento, así como la razón de vivir.

No sólo resuelve cuestionar lo que estamos afirmando, es necesario encarar la realidad de los hechos.

La violencia, el alcoholismo, la droga, el adulterio, la prostitución, el suicidio, la irreverencia, el desacato y la falta de hombro entre otros, son factores cuyo crecimiento está desafiando a las autoridades en todo el mundo. Esto, sin tener en cuenta el altísimo índice de separación de cónyuge, causa principal, juzgo yo, de todo desacuerdo, de toda perdición.

 

En consecuencia de lo que acabamos de exponer y de la necesidad que sentimos, de un voz de alerta, en el sentido de evitar que muchos continúen sirviendo al príncipe de este mundo, príncipe de las tinieblas, si juzgando cristianos, siervos de Dios, una vez que, de acuerdo con las escrituras, quien no sirve Dios sirve al diablo, es que, empeñamos en saber dónde están los hijos de Dios.

Estos son los motivos que nos llevaron a investigar la Doctrina de Cristo y desarrollar, a través de esta apostilla, lo que hemos visto.

No consultamos ninguna fuente sino las Sagradas Escrituras.

Preferimos errar, buscando solución, a aceptar el yugo de una doctrina frontalmente contraria a los mandamientos de Nuestro Señor Jesucristo.

Nadie debe ser obligado a hacerse cristiano, sin embargo, es más honesto, asumir entonces, una posición contraria a su Doctrina.

En la secuencia de este trabajo, continuaremos mostrando, de otros ángulos, que la luz, Evangelio de Jesucristo, se declina, mientras ocupa la mente y el corazón del hombre, total desobediencia a Dios.

La nueva alianza, es decir, el Nuevo Testamento establecido entre Dios y los hombres, pretende inscribir en el corazón e imprimir en nuestra mente, la Palabra del Señor, que resulta en el cumplimiento de toda Ley de Dios. Hebreos 8: 6-13

Pedimos toda atención para que entiendan nuestro propósito y colabore con nosotros, no resistiendo, sino buscando comprender, pues la gloria no es nuestra, sino de Él, de Cristo, de Dios, el único que posee palabras de vida eterna.

El conocimiento de esta Palabra es fundamental. No erra el que busca su entendimiento, sino el que no busca, este sí.

En la secuencia del mismo tema, estaremos enfatizando aspectos extremadamente importantes, que fueron, a lo largo de los años, desgastados, astutamente por los anticristos, mediante la eficacia de satanás, que vinieron a perder sus reales importancias, volviéndose incluso, objeto de burla y desprecio por parte del pueblo, en razón de la ignorancia en relación al asunto.

El descaso de la Doctrina de Cristo se debe a la proliferación de entidades religiosas y al descuido de los propios cristianos, que permiten la fermentación de la masa y no más dieron importancia en cuanto al estado del agua.

La falta de conocimiento, alcanzó entonces proporciones tan graves, que el resultado ha sido la perdición.

El Señor clasificó como tesoro, como algo preciosísimo, al que esta generación no ha dado la menor importancia, a la Doctrina de Cristo.

“… tengan toda la riqueza de la fuerte convicción del entendimiento, para comprender plenamente el misterio de Dios, Cristo, en quien todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento están ocultos.

Así digo para que nadie os engañe con razonamientos falaces. “Col 2: 1-4

“El reino de los cielos es semejante a un tesoro oculto en el campo, el cual cierto hombre, habiendo encontrado, escondió. Y, desbordante de alegría va, vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.”

Comenzando por Juan Bautista, todos los que tuvieron la revelación del valor atribuido al ministerio de Cristo, dieron sus vidas por la causa del Evangelio.

Juan así expresó: “Yo en verdad os bautizo con agua, pero viene lo que es más poderoso que yo …”

“Así, pues, con muchas otras exhortaciones anunciaba el Evangelio al pueblo.” Lucas 3: 16-18

Juan Bautista preparó a sus discípulos para oír la Doctrina de Cristo, su Evangelio.

El propio Señor, en un intento de abrir los ojos de sus discípulos y llevarlos a una mayor atención, les exhortaba en cuanto a la importancia de sus palabras y el peligro de su desconsideración.

“… a vosotros se les da conocer los misterios del reino de los cielos …”

“Bienaventurados, pero vuestros ojos, porque ven; y sus oídos, porque oyen.

Pues en verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que ve y no vieron; y oír lo que oís, y no oyeron”. Mat 13: 10-23

Aquel que endurece el corazón o hace poco caso al oír, a veces cerrando los ojos, en una actitud de desprecio, desgraciadamente, aún no sabe lo que está perdiendo.

La existencia de mucha suciedad en el medio evangélico, no justifica nuestra omisión. Joio tendrá que crecer y aparecer para ser cortado.

La prueba de su fe, de su conocimiento, está exactamente, en su no implicación en cualquier otra doctrina, que venga a contrariar el Evangelio de Cristo.

La verdad y que, por falta de conocimiento, podemos embarcar en una canoa perforada. Por esta razón, estamos alertando a los hermanos a no perder su precioso tiempo. Debemos unirnos en oración, búsqueda, clamor, estudiar las escrituras, en fin, hacer todos nuestros esfuerzos, en el sentido de sacar el Evangelio del medio de ese lío.

No contamos con facilidad en la concientización del individuo, en ser Iglesia, ser casa de Dios, ser miembro de un solo cuerpo, donde debe ser activo y no pasivo en cuanto al Evangelio de Cristo y como tal debe proceder. Esta dificultad está prevista, en razón de la mala costumbre adquirida en la obligación religiosa de ir a la iglesia, asistir a una misa o un culto, volviendo después, a la práctica normal, de las mismas costumbres, inapropiado con el título que se juzga poseedor.

Yo creo, que cualquier persona, a no ser que ya tenga su mente cauterizada, reflexionará, al tomar conocimiento de la necesidad de convertirse al Señor y no limitarse, en sólo ser miembro numérico de una entidad religiosa.

La ira de Dios será derramada sobre la tierra y eliminará a todos los que no dieron crédito a su palabra. La falta de conocimiento no será argumento para justificación.

“… ya vosotros otros que sois atribulados, alivio juntamente con nosotros, cuando del cielo se manifieste el Señor Jesús con los ángeles de su poder en llama de fuego, tomando venganza contra los que no conocen a Dios y contra los que no obedecen al Evangelio de nuestro Señor Jesús.

Estos sufrirán penalizaciones de eterna destrucción, prohibido de la faz del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga a ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron.” II Tes. 1: 7-10

 

 

CAPÍTULO 2: CRISTO Y SU IGLESIA

 

 

“Porque el marido es la cabeza de la mujer, como también Cristo es la cabeza de la Iglesia, siendo este mismo Salvador del cuerpo.”

Para hacer comentarios acerca de la Iglesia de Jesucristo y obtener una mejor comprensión, es imprescindible que se tenga un entendimiento, al menos razonable, de que la expresión (iglesia), no se aplica al templo sino al pueblo. También es, igualmente importante, el entendimiento, aun sumario, acerca de la ley que vino por intermedio de Moisés (Juan 1:17), la cual, junto con los profetas, estuvieron en vigor hasta Juan el Bautista (Lucas 16:16 Mateo 11:13) y el Nuevo Testamento.

Sin la conciencia real de que somos miembros vivos, de un cuerpo de la misma forma vivo y del que hace parte el propio Cristo; jamás conseguiremos eliminar un montón de herejías, que han surgido a lo largo de los tiempos, edificando una iglesia que genera para la esclavitud, impidiendo el nacimiento de los hijos de Dios, hijos de la promesa.

Todo viene ocurriendo por falta de entendimiento, falta de luz. La ignorancia impuesta por aquellos que dominan este mundo tenebroso, logra impedir o al menos dificultar la vuelta de los hijos a la Casa del Padre (Iglesia que está siendo edificada por Jesucristo). Mateo 16:18

“Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.” Sobre los hombres, piedra sobre piedra.

“… vosotros mismos, como piedras que viven, sois edificados casa.” 1 Pedro 2:5

La piedra fundamental de este edificio espiritual y la casa principal de esta ciudad, ha sido rechazada por los constructores y causa de tropiezo para muchos.

Una gran mayoría aún se mantienen cautivos no aceptando la Doctrina que nos da la vida. Unos asisten la misa, otros van a los cultos, sesiones, asambleas, etc, juzgándose, con esto justificados, o incluso, ni saben la razón de todo esto. Prestan obediencia a todos los sacramentos, mandamientos y doctrinas impuestas por las denominaciones, también llamadas iglesia, y de las cuales son miembros. Sin embargo, se sienten ofendidos cuando son invitados a examinar la Doctrina de Cristo, lo que, en realidad, no es fácil entender, ya que todos se dicen cristianos.

Cargan consigo el nombre del marido, sin embargo, sus acciones se realizan a escondidas, no a la luz del Evangelio de Cristo (adulterio).

Son evangélicas, no sabiendo, pero a qué evangelio siguen. Etcétera.

Otro gran problema, cuando se toca en este asunto, reside en la confusión que crearon alrededor del Viejo y del Nuevo Testamento.

No aceptando la Doctrina de Cristo, de la que ni quieren tomar conocimiento, como subrayamos arriba, no pueden, de modo alguno, entender el Antiguo Testamento, que pasa a servir sólo para la inspiración de libros, cuentos, y predicaciones que tienen por objeto sensibilizar, conmover, ya veces coaccionar a sus presas, con el objetivo de mantenerlas en el cautiverio, causándoles mayor vergüenza y haciéndolas aún más distantes de la verdad.

Si no convertimos a Cristo, lo que significa concordar con Jesús, sobre nuestros corazones permanece el velo, tapando nuestra visión.

“Pero hasta hoy, cuando se lee Moisés (antigua alianza), el velo está puesto sobre el corazón de ellos. Cuando, sin embargo, alguno de ellos se convierte al Señor (pasa a aceptar las ideas de Cristo), el velo le es sacado.” II Cor. 3:15-16

Entonces, antes que nada, es necesario que se entienda lo que Cristo entendió y se manifestó de acuerdo o no.

 

 

2.1 – NUEVO TESTAMENTO – ¿QUÉ REPRESENTA PARA NOSOTROS?

 

 

Siendo la ley revocada y una nueva alianza establecida entre Dios y los hombres y considerando que este nuevo concierto, eliminó definitivamente, todas las imposiciones y ordenanzas que buscaban una aproximación del hombre hacia su creador, restó, a los militantes de la Nueva Doctrina, tan sólo, anunciar a Cristo a los hombres. Esto se da en consecuencia de la libertad de opción que establece la ley en vigor (ley de Cristo).

No hay posibilidad del hombre relacionarse con Dios, a no ser mediante la aceptación, consciente, de los preceptos que fundamentan la Doctrina de Cristo.

La Ley, hasta entonces existente, establecía normas cuya obediencia permitía al hombre una reconciliación total con Dios, sin embargo, la dificultad estaba exactamente en la obediencia, o sea, en la práctica de aquellos principios, una vez que el hombre natural, al ser sometido a una confrontación, teniendo por un lado su justicia, lo que equivale a su opinión, y de otro la justicia de Dios, su punto de vista; se siente acosado, constreñido y con tendencias a manifestar su rebeldía, no aceptando la culpa. En consecuencia, acaba dejando de practicar aquello que sería la voluntad de Dios. Por esta razón, Dios mismo se hizo hombre, poniéndose en nuestro lugar, asumiendo la culpa y haciendo por nosotros lo que nos era imposible, o sea, practicar la ley de Dios. Esto fue lo que hizo Jesús.

Al venir en semejanza de carne pecaminosa conseguió ser obediente hasta la muerte, en nada transgrediendo la ley, haciendo la voluntad de Dios y recibiendo con esto la debida recompensa, (Vida Eterna), galardón prometido por la ley bajo la cual vivió y obedeció. “A César lo que es de César a Dios lo que es de Dios.” Mateo 22:21

Una vez realizadas las obligaciones establecidas en un determinado testamento, es evidente que se adquiere también los derechos y prerrogativas allí preconizados.

Fundamentado en este principio es que, inmediatamente, el Señor estableció la Nueva Alianza, que se resume en el cumplimiento de la ley que acababa de ejecutar, pero no más de forma coercitiva, pero consciente. De ahí nuestra necesidad del conocimiento para la libertad de opción.

¿Podría decirse, yo soy cristiano, sin saber lo que significa?

La base principal de la ley de Dios, en vigor, es fe, pero, no en cualquier cosa y sí  en Cristo.

Con esto podemos concluir lo siguiente: Nadie podrá decir y demostrar que cree en Jesucristo, so pena de estar mintiendo, sin tomar conocimiento de su Doctrina, su Evangelio, considerando que allí y sólo allí, está la manifestación de su justicia, la expresión de su voluntad.

¿Cómo voy a estar de acuerdo con una persona, sin el conocimiento de sus ideas?

Cuando los escribas y fariseos quisieron apedrear a una mujer sorprendida en adulterio, se demostraron ignorantes, ciegos, en cuanto a la justicia de Dios, la práctica de la ley. Juan 8:7.

 

 

2.2 – IGLESIA – PUEBLO HEREDERO DEL REINO DE DIOS

 

 

“… si vuestra justicia no exceder en mucho la de los escribas y fariseos, jamás entraréis en el reino de los cielos” Mat 5:20.

Después de lo mucho que hablamos acerca de la mujer, aunque conscientes no haya agotado todo el asunto, lo que tampoco es el objetivo de este trabajo, creemos con esto tener solo provocado una autocrítica, pero, no con el objetivo de apuntar los defectos de la mujer contemporánea y sí pretendiendo, en el conjunto, el procedimiento de la humanidad en relación al Evangelio de Cristo.

Si no escondemos la realidad, la conclusión será una sola: el camino que esta generación ha escogido, no agrada al Padre y el motivo es por no estar conforme a la Doctrina del Hijo. Y, si esto ocurre, es evidente que la luz se está apagando, que la opinión de Jesús no sensibiliza más a los hombres, que la Doctrina de Cristo ya no puede convencer; que los hombres, deliberadamente, se rebelaron contra Dios. (APOSTASÍA)

De la mujer, compañera y ayudante del hombre en la construcción del hogar, pasamos a la mujer, amada del Señor, su testigo vivo en la edificación y formación del cuerpo de Cristo, la desposada del Cordero de Dios, su elegida, separada para él, con quien se unirá en matrimonio en su venida.

En el inicio desde el capítulo, abrimos un espacio e hicimos referencia a la ley y a la nueva alianza, donde pudimos percibir la necesidad de un noviazgo entre Cristo y el pueblo, de donde saldrá su novia.

Con el entendimiento de ser la Iglesia la persona de la novia de Cristo, es fácil comprender que ni siquiera nosotros, nos gustaría obligar a una joven a ser nuestra compañera y mucho menos ella se sentiría bien con la imposición de vivir, para siempre, al lado de quien no ama, en la casa de aquel que no le da ningún placer.

Quien no haga libremente la voluntad de Dios, como Jesús dice, no formará parte de su casa.

La figura que Dios usó para representar a la Iglesia, encajó perfectamente en la persona de la mujer. Si existe una cosa que no funciona, es obligar a una mujer a ser fiel. Ella lo es cuando ama, verdaderamente, a su marido. Dios quiere así, también con respecto a su esposa. Aquella capaz de amarlo, de comprenderlo, de soportarlo, de seguirlo por dondequiera que él ande. Aquella, cuya alegría y cuyo placer sólo a él están reservados. Aquella capaz de oír su voz, de estar atenta a sus enseñanzas y no da oído a extraños. Aquella que agradablemente cuida de sus hijos, que preocupa con su alimentación, con sus vestiduras, con quienes ellos andan, en fin, está atenta a todo a ella relacionada, en nada, sobrepasando la autoridad que le corresponde, reservando siempre, al esposo, atribución del gobierno.

“Porque, como la joven esposa la doncella, así tus hijos te esposarán a ti, como el novio se alegra de la novia, así de ti se alegrará a tu Dios.” Isaías 62:5

La novia, la esposa del Cordero, será compuesta por los hijos de Dios. Es una promesa, una profecía y como tal tendrá su cumplimiento.

Este fue el deseo del Padre al Hijo: Tus hijos te esposarán a ti. Es un derecho que él adquirió cumpliendo la ley.

Nosotros nos convertiremos en hijos, y por consiguiente, pueblo heredero del reino de Dios, bastando para esto, que nuestra actitud en relación la ley de Dios, venga exceder, em mucho, a de los escribas y fariseos. Mateo 5:20.

 

 

2.3 – ÉL VIÓ EL PUEBLO QUE ACEPTÓ LA NUEVA ALIANZA

 

 

“Vi también la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de parte de Dios, ataviada como novia, adornada para su esposo.” Ap 21: 2

Entonces oí una gran voz desde el trono, diciendo: He aquí el tabernáculo de Dios; su tabernáculo, su familia, esposa e hijos, su pueblo.

Es importante la observación de los detalles. La mujer estaba no sólo vestida pero adornada como novia que va al encuentro del novio. Ella se preparó convenientemente para aquel día, como naturalmente a sí misma se prepara, una joven, en las vísperas de su matrimonio.

Nosotros conocemos y sabemos cuán importante es para la novia esta preparación.

Y con respecto a la Iglesia, ¿cómo sería?

“Porque me cubrió de vestiduras de salvación y me envolvió con el manto de justicia, como el novio que se adorna de turbante, como novia que se adorna con sus joyas.” Isa 61:10

Con el establecimiento de la nueva alianza, del Nuevo Testamento entre Dios y los hombres, hizo sin efecto, evidentemente, la vieja, el Antiguo Testamento.

En principio, se tiene la impresión de que nada más relativo al Antiguo Testamento, a la ley y los profetas, debe tenerse en cuenta, lo que, en realidad, no es verdad. Sucede exactamente lo contrario, todo cristiano, verdaderamente cristiano está cumpliendo las imposiciones establecidas en la ley y viviendo los momentos proféticos.

Para que Jesús pudiera instituir una nueva alianza, fijar un Nuevo Testamento, lo que sin duda haría anticuado el primero, era necesario, inicialmente, que Él adquiriera el derecho para hacerlo. La imposición tenía por objetivo el cumplimiento de la ley, lo que, de forma impecable lo hizo.

Durante el tiempo en que estuvo en la carne, dejó con sus discípulos, mandamientos, enseñanzas, preceptos, opiniones, en fin, todo lo que él entendía ser el cumplimiento de la Ley. Nada en ella establecido fue negado por él. Sin embargo, su Evangelio, su Doctrina, no tendría ningún efecto legal si no hubiera logrado la resurrección de entre los muertos, pues a la voluntad de Dios se consumaba en este acontecimiento, lo que por otra parte era de su conocimiento.

Con su resurgimiento, en un nuevo cuerpo, venciendo el poder que la muerte tenía para mantenerlo en el sepulcro, quedó más que evidente, la aprobación de Dios en cuanto a los actos por él practicados. Este acontecimiento simbolizó la firma del Nuevo Testamento, la entrada en vigor de la nueva alianza. De allí, todo lo que Jesús habló, habla, o hablar, tiene aprobación de Dios. Su modo de actuar e interpretar la ley de Dios, fue incomparablemente más justo y agradable a Dios.

No tenemos la noticia de ninguna obra escrita por Él; no conocemos ningún registro de su propio puño, expresando su voluntad o determinando el cumplimiento de alguna cosa. Su obra, fue eminentemente práctica. A Él le tocó realizar la voluntad de Dios, implícita en la ley y en los profetas, lo que hasta entonces, nadie había logrado. La vida eterna es lo que Dios quería para nosotros. La vuelta del hijo a la casa paterna, la regeneración, la rehabilitación del hombre y su reencuentro con la gloria perdida.

“Me envolvió con el manto de justicia …” Isaias 61:10

Habiendo entendido perfectamente, cuál era el deseo de su padre en relación a nosotros, caminó, resueltamente, para la ejecución de sus ideas. No tuviera él, contrariando toda opinión pública, jamás saldría de la tumba. Aunque amando profundamente a sus discípulos, fue muchas veces necesario, tratarlos duramente.

La resurrección de los muertos, fue la credencial que Él buscó y alcanzó. Nadie más, en sana conciencia, podría discutir la eficiencia de su doctrina. ¿Qué más el hombre podría anhelar, que venga a superar una resurrección de entre los muertos?

Jesús salió del sepulcro y continuó enseñando; concluyó su tarea, dio mandamientos, los cuales, mediante la obediencia, se hace posible al hombre, la obtención de una gloria semejante a la alcanzada por Él. Resurrección, nuevo cuerpo, vida eterna, etc.

Sus discípulos, y no El, registraron un poco de lo mucho que Él hizo. La finalidad fue transmitir a nosotros, los conocimientos aplicados por él en el cumplimiento de la ley de Dios, su manera de actuar, su modo de interpretar las Sagradas Escrituras, su relación íntima con el Padre y una infinidad más de principios que, misteriosamente, se revelan a medida que se toma conocimiento de su doctrina. I Co 2

“Nosotros hablamos la sabiduría de Dios, oculta en misterio, la cual Dios ordenó antes de los siglos para nuestra gloria” 1 Cor. 2: 7.

“Gracias te doy, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que ocultaste estas cosas a los sabios y entendidos, y las revelaste a los pequeñitos.” Mateo 11:25

“No ceso de dar gracias a Dios por vosotros, recordándome de vosotros en mis oraciones; para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé en su conocimiento el Espíritu de Sabiduría y de revelación; habiendo iluminado los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza de su vocación, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos.” Efesios 1:16-18

“Porque según una revelación me fue dado conocer el misterio…” Efesios 3:3

La visión que el Apóstol Juan tuvo acerca de la Iglesia, en el apocalipsis, la reveló adornada como novia, debidamente vestida para un momento especial, único en su vida.

Los profetas también a ella se refieren en aquel momento, sin mancha, pura, cubierta por un manto de justicia.

Indudablemente, la Iglesia habrá alcanzado todas las condiciones exigidas por Dios, en la manifestación de Jesucristo, para que se realice la unión matrimonial, lo que significa plena aceptación de la Nueva Alianza.

 

 

2.4 – UNO DE LOS PREPARATIVOS DE LA NOVIA: LIBRARSE DE LA NATURALEZA HUMANA

 

 

La última tarea que la novia realiza, antes de la celebración del matrimonio, es ataviarse debidamente para aquella ocasión. El acto en sí, requiere cuidados especiales en el vestir.

La Iglesia que el Apóstol vio, estaba completa. El tabernáculo de Dios estaba listo. Jerusalén celestial había concluido.

Esto implica que en la época del rapto, el pueblo de Dios existente en la tierra, aún en este cuerpo, y que, al ser arrebatado, se unirá aquel allá arriba, tendrá que encontrarse, de tal forma vestido, que lo permita ser transformado. Estará en igualdad de condiciones con el que viene.

La Iglesia en la tierra, en aquellos días, será como una obra concluida, en una extensión de aquella que se imagina descendiendo del cielo. Aunque en este cuerpo será capaz de mostrar su testimonio completo, en relación a la palabra de Dios. Es el cumplimiento de las Escrituras.

“De cierto os digo, que no pasará esta generación sin que todo esto suceda.

Pasará el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasarán.” Mateo 24:34-35. Todo aquello tendrá su cumplimiento, con el hombre aún en este cuerpo.

La generación referida por Jesús, en este caso, corresponde a la especie, a la raza humana habitando en la carne, generación corrompida (Fil. 2:15) como consecuencia del pecado, el cual fue, por Dios, condenado en la carne.

Esta generación tiene sus días contados, líbrate de ella. “Salvaos de esta generación perversa.” Hechos 2:40

“Pero veo en mis miembros otra ley, que batalla contra la ley de mi entendimiento, y me sostiene bajo la ley del pecado que está en mis miembros.”

“¡Miserable hombre que soy! ¿Quién me librará del cuerpo de esta muerte?” Romanos 7:23-24

“Porque yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no habita bien alguno …” Rom 7:18

“…Dios, enviando a su hijo en semejanza de la carne del pecado, por el pecado condenó el pecado en la carne.” Romanos 8:3

Para eliminar de una vez por todas el pecado, Dios consumirá su cuerpo. Hará desaparecer toda carne, haciendo que el pecado pierda definitivamente su fuerza, una vez que ésta se encuentra en la propia carne.

Cuando se refiere a la ley del pecado, se habla de la opinión del diablo (que también es la nuestra), de su justicia, su modo de interpretar la Ley de Dios; su actitud, en relación a las cosas santas. En él no hay justicia alguna. “Se va! Satanás. Tú eres para mí piedra de tropiezo, porque no piensas de las cosas de Dios, sino de las de los hombres.” Mateo 16:23

Pedro y Satanás tenían las mismas ideas, la misma justicia.

Nosotros, los hijos de Dios, morimos y fuimos sepultados en este cuerpo, el cuerpo del pecado, el cuerpo de la muerte, en el instante en que, por un hombre, por su desobediencia, todos nosotros nos convertimos en semejante al pecado.

Dios creó el hombre su imagen y semejanza y no creó semejante al pecado. Dios nunca tuvo la semejanza de la carne que tenemos, es decir, el cuerpo y la naturaleza que poseemos, a no ser cuando, en una tremenda humillación, se hizo semejante a nosotros, a esta carne, a este cuerpo, para realizar, en nuestro lugar, pues que en él no había pecado, una tarea que competía exclusivamente a nosotros y no a él, o sea, vencer el pecado.

¿Por qué tenía Jesúsque hacer esclavo de aquel que no lo había vencido? ¡Nosotros Sí! Hemos vencido y nos convertimos en esclavos de quien nos ha vencido; que no fue otro sino el propio pecado, el diablo, satanás.

“…antes a sí mismo se vació, asumiendo la forma de siervo, convirtiéndose en semejanza de hombres; y, reconocido en figura humana, a sí mismo se humilló… “Fil 2:7-8

Dios no creó el hombre tal cual es hoy. Él se corrompió, perdiendo la semejanza de Dios, como había sido creado, haciéndose semejante al cuerpo y naturaleza del pecado.

Eclesiastés 7:29, dice que Dios hizo al hombre recto y no de la forma como se presenta hoy, corrompido, ignorante, salvaje, injusto.

La explicación más fácil de entender, se encuentra en el libro de Génesis, donde Dios prohíbe al hombre de alimentarse del árbol del conocimiento del bien y del mal, el cual, sin embargo, no obedeciendo, sufrió las consecuencias del acto que practicó. Luego en seguida, Dios protege el camino del árbol de la vida, para que de ella el hombre no se alimentase en las condiciones en que se encontraba, (rebeldía) y viniera a poseer vida eterna.

Del versículo 22 del capítulo 3 de Génesis, nosotros sacamos la siguiente conclusión: al alimentarse del árbol del conocimiento del bien y del mal, el hombre se convirtió en uno con ella, conocedores del bien y del mal. Así como, alimentándose del Árbol de la vida hoy, se convierte en uno con Dios, evidentemente, después del arrepentimiento, que es la condición exigida por Dios.

Llegando a ser uno con Dios, volveremos también a su semejanza, lo que implica la eliminación del aspecto de la carne del pecado y su naturaleza.

“Amados, ahora somos hijos de Dios (por adopción, si permanecemos en él, manteniendo la esperanza hasta el fin) y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser. Sabemos que cuando él se manifestar, seremos semejantes a él, porque hemos de verlo como él es.” 1 Juan 3:2

Hombres y demonios están en igualdad de condiciones, tienen la misma naturaleza.

Cuando el anticristo sea revelado, no será un bicho y mucho menos una cosa espantosa, sino un hombre, tal cual a nosotros.

Tal vez sea ésta la mayor dificultad para el ser humano y principalmente para los que buscan la salvación, diferenciar quién es de Dios y quién no lo es. Si pudiéramos juzgar por la apariencia, creo yo, cada uno de nosotros ya tendríamos una relación particular de los salvos.

El mismo cuerpo que conduce el espíritu del anticristo y el espíritu de sus hijos (cuerpo humano), conduce también a los hijos de Dios. La apariencia, por ahora, es la misma; la semejanza esta sí, sufre radical modificación y es perfectamente distinguible. La semejanza tiene relación con la naturaleza del individuo, su carácter, su origen.

Los hijos del diablo van de mal en peor y los hijos de Dios también sufren correcciones, se perfeccionan. Apocalipsis 22:11-12 y Hebreos 12:4-13

La criatura que acepta la Doctrina de Cristo, en ella creyendo, sin restricción, recibe el perdón, la remisión de los pecados y la transformación de la naturaleza.

Jesús reveló a Nicodemo la necesidad de un nuevo nacimiento, evidenciando claramente la inutilidad y la falta de provecho de la naturaleza humana. Tenía que nacer de nuevo y experimentar una nueva vida, una nueva naturaleza.

“… si alguien no nacer de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Juan 3:3

“… Yo os envío como corderos para el medio de lobos.” Lucas 10: 3.

En general, lo que existe es lobo. Es como el firmamento donde las estrellas brillan, pero lo que predomina es la noche.

Jesús consideró a todos en una misma condición: muertos y necesitados de vida. Para él, todos, sin excepción, tenían que nacer de nuevo. Quien no nacer de nuevo es lobo y éstos poseen la naturaleza maligna.

El nuevo nacimiento corresponde a la formación y un nuevo carácter, constancia y estabilidad que este nuevo hombre va a adquirir, en relación a su manera de actuar y reaccionar, que lo hará diferente de los demás. Lo que era visto como lobo como consecuencia de sus acciones y reacciones, pasa a ser observado con actitudes completamente adversas a las que anteriormente practicaba. Se nota una transformación progresiva en la naturaleza de este individuo, llegando a ser, reconocidamente, considerado cordero.

No importa si es madre, padre, esposo, esposa, hijos, viejos, paralíticos, postrado, pobres o ricos, todos sin excepción, tendrán que cambiar de naturaleza. El cuerpo no acompaña el espíritu después de la muerte del hombre, la naturaleza sí. Por esta razón, Dios ha preparado un nuevo cuerpo, para aquellos cuya naturaleza es cambiada. “Sabemos que si nuestra casa terrestre…” 2 Corintios 5

“El espíritu es lo que vivifica;la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he dicho, son espíritu y son vida, sin embargo hay no creyente, entre ustedes.”

El espíritu permanece vivo, la carne, sin embargo, desaparece.

“…en este tabernáculo gemimos, aspirando a ser revestidos de nuestra habitación celestial”. II Corintios 5: 2 – cuerpo celestial (nuevo cuerpo).

Los incrédulos, en los que no hay esperanza de una nueva vida, en un nuevo cuerpo, prefieren satisfacer sus deseos y realizar sus voluntades, mientras viven en esta carne, no sometiéndose a la voluntad de Dios que es cambiar nuestra naturaleza. Algunos llegan al suicidio por no conseguir la satisfacción deseada; otros, no menos ciegos esperan otra carne semejante a ésta; ellos, fatalmente tendrán el destino de los hipócritas, de los que no quisieron oír las palabras de Jesucristo, manteniéndose en la ignorancia.

“…Toda carne es como la hierba; y toda su gloria como la flor de la hierba; se seca la hierba, y cae su flor; la palabra del Señor, sin embargo, permanece eternamente.” 1 Pedro 1:24-25

Las palabras que yo os he dicho, son espíritu y son vida (1 Juan 6:63) quienes las tienen, consigo las llevará. Ellas acompañan al nuevo hombre, a la nueva naturaleza. Palabras que son el espíritu y la vida de la nueva criatura, la cual vivirá eternamente.

 

 

 

2.5 – “…YO SOY EL CAMINO, Y LA VERDAD, Y LA VIDA…” Juan 14: 6

 

 

Vencer la naturaleza humana, superar la doctrina del diablo, resistir al pecado, dejar de hacer nuestra propia voluntad y hacer la voluntad de Dios, es tan difícil, que si pudiéramos entender mejor, daríamos más valor al sacrificio hecho por Jesucristo.

La única manera de escapar de la muerte, de la condenación, de obtener el nuevo nacimiento y permanecer nacidos de nuevo, eliminando todo pensamiento humano, toda justicia propia, todo lo que es nuestro, dando lugar al que proviene de Dios, es siguiendo a Jesús.

El único camino es la Doctrina de Cristo. A través de su conocimiento, como un agua, lavará nuestra iniquidad, cambiará nuestra naturaleza, edificará el hombre recién nacido.

No se trata de conocer la letra, saber dónde está escrito, quién escribió, etc, pero entender y aceptar la Doctrina, el pensamiento, la idea, la justicia de Dios, revelada al mundo por Cristo. En esto consiste el misterio.

Las palabras dichas por Jesucristo, expresan, rigurosamente, la voluntad de Dios. Es la manifestación de su justicia, su opinión en relación a lo que se piensa y se practica en esta tierra.

Todo lo que se hace contrariando la voluntad de Dios es injusticia, por qué Dios es justo. Y, considerando que Jesús hizo la voluntad de Dios, debemos admitir también que Él practicó su justicia, y, así, todo lo que lo contradice es injusticia y consecuentemente pecado.

En la Nueva Alianza, en el Nuevo Testamento, en la ley en vigor, el pecado quedó restringido a no creer en Jesús.

Aquel que en él cree y permanece en él, no peca. No hay más separación entre lo que pueda ser considerado pecado o no. Quien no le da crédito vive pecando, porque sus obras no se hacen en Dios, donde hay justicia.

“Cuando venga (el Espíritu) convencerá el mundo del pecado, de la justicia y del juicio: del pecado, porque no cree en mí.” Juan 16: 8-9

El mundo peca, erra, vive en confusión, porque no da crédito a la Doctrina de Cristo y será convencido de ello.

“Yo he venido en el nombre de mi Padre y no me recibiste; si otro viene en su propio nombre, ciertamente lo recibiréis.” Juan 5:43

Por tanto, transgrede la ley de Dios el hombre que no cree en Cristo, que escoge otro camino, que sigue otro consejo y, en consecuencia, se vuelve culpable por la desobediencia de ambas alianzas.

Todo aquel que es anticristo aborrece a Dios y no guarda sus mandamientos, una vez que ,sólo en Cristo, se logra la obediencia de la ley.

“Todo aquel que practica el pecado, también transgrede la ley: porque el pecado es la transgresión de la ley.” 1 Juan 3:4

La práctica del pecado y consecuente transgresión de la ley, es por lo tanto, no ser convertido al Señor.

Vean que, por más que nos empeñamos en dar explicaciones, la comprensión es muy difícil y queda restringida a una apertura de corazón, a un deseo de entenderse.

En su segunda carta a los cristianos de Corintios, (capítulo 3:15-16) Pablo dejó entrever que el velo es sacado en el instante de la conversión.

El corazón está abierto a las verdades de Dios, a los misterios escondidos, cuando se convierte al Señor. Por otra parte, esta es la razón de toda confusión y desencuentros: la falta de conversión al Señor.

Estamos acercando a la hora final, y saber quién es realmente convertido al Señor, no será tarea muy fácil.

El tiempo es de desorden, engaño, ilusión, fraude, seducción, etc.

Esta dificultad, el Espíritu Santo, predijo a través de los profetas. Isaías, cientos de años, antes del nacimiento de Cristo, así lo expresó: “…sabrás que yo soy el Señor, y que los que esperan en mí no serán confundidos”, refiriéndose a Cristo. Isaías 49:23

El desentendimiento es inevitable. En el tiempo del atardecer, tiempo en que la iniquidad crece para mostrar su fuerza, la falta de luz, posibilita mayor número de tropiezos.

La alimentación ha sido escasa porque han pisado el pasto y el agua limpia se volvió difícil de ser encontrado.

“En cuanto a mis ovejas ellas pastan lo que habéis pisado con vuestros pies, y beben lo que habéis turbado con vuestros pies.” Ezequiel 34:19

El Señor también predijo y nos llamó la atención para el tiempo del fin. Sólo los convertidos al Señor, los que estén en Cristo, estarán debidamente protegidos contra la corrupción y cualquier tipo de engaño. No será posible eludir a un escogido del señor. Sin embargo, la confusión es inevitable, la lucha es fatal y un solo camino es verdadero. Encontrarlo y asegurarse de estar en él, es una cuestión individual.

“…Sé en quien he creído, y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito hasta ese día”. II Timoteo 1:12

“Respondió él: Ved que no seáis engañados; porque muchos vendrán en mi nombre …” Lucas 21: 8.

“Acautela por vosotros mismos, para que nunca os suceda que vuestros corazones queden sobrecargados con las consecuencias de la orgía, de la embriaguez y de las preocupaciones de este mundo, y para que aquel día no venga sobre vosotros repentinamente, como un lazo. Porque hay que sobrevenir a todos…” Lucas 21: 34-36

Al decir: a todos; excluyó la posibilidad de que ese día dejara de llegar a alguien.

Como yo no sé qué día será “ese día”, por una cuestión de obediencia, debo vivir del modo establecido por Él. En caso de que venga a morir antes, no habré perdido mi trabajo, pues que morí en el Señor, y mi participación en la primera resurrección será probable. Entonces, no importa cuándo será ese día y sí que esté confiado en cuanto a lo que realizo visando aquel día, sabiendo que, en el Señor, mi trabajo no es vano.

“Por tanto, mis amados hermanos, sed firmes, inquebrantables, y siempre abundantes en la obra del Señor, sabiendo que, en el Señor, vuestro trabajo no es vano.” 1 Corintios 15:58

 

 

2.6 – LA BÚSQUEDA DEL PUEBLO DE DIOS

 

 

Es evidente que la preocupación de Dios, si es que podríamos decir que Él se preocupa, tendría que ser, antes que nada, en salvar el hombre, una vez que éste, por una cuestión de precedencia en la creación, ejerce dominio sobre las demás creaciones existentes en la tierra, la cual también, al hombre fue sujetada; y, por lo que todo indica, este ser fantástico y desconocido, será colocado en una posición de destaque en relación incluso, a los ángeles.

Como si no bastase todo eso, está en los planes de Dios, someter también, a nosotros, el mundo que ha de venir.

Es, pues, bastante comprensible y normal, creo yo, que Dios tenga que probar rigurosamente, la lealtad del pueblo a quien él va a entregar el dominio definitivo de todas las cosas.

“…¿No son todos ellos espíritus ministradores enviados para servicio, a favor de los que han de heredar la salvación?” (Refiriéndose a los ángeles). Hebreos 1: 4

“…porque no fue a ángeles que sujetó el mundo que ha de venir, sobre el que estamos hablando;” Hebreos 2:5

“¿Qué es el hombre, que de él te recuerdes?” Hebreos 2: 6

“Lo hiciste, por un poco menor que los ángeles,…” Hebreos 2:7

“Todas las cosas sometidas bajo sus pies…” Hebreos 2:8

“Yo pondré en él mi confianza. Y aún: He aquí estoy yo, y los hijos que Dios me ha dado. “Hebreos 2:13

Escribiendo a los cristianos de Corintios, el Apostol Pablo consideró una estupidez, una verdadera ignorancia, la crucifixión de Cristo. Para él, aquellos hombres, no tenían conciencia de lo que estaban haciendo. Pablo juzgó absurda la posibilidad de alguien, conociendo la sabiduría de Dios, sus planes, pudiera practicar semejante acto.

Verdaderamente, ellos no pudieron ver lo que Dios quería decirles, y la razón, sigue siendo la misma que nos impide hoy, conocer los misterios de Dios: falta de amor a Dios.

Se convirtió en condición “sine qua non”, el amor de Dios sobre todas las cosas y de ella no renuncia. El hombre, antes de conocer los misterios de Dios, tendrá que amarlo. Por esta prueba todos tendrán que pasar. Sin embargo, no sólo resuelve decir que lo amamos; él conoce a aquellos que le aman y que están dispuestos a humillarse primero, para despues ser exaltados.

¿Cuántas veces somos probados y reprobados? ¿Cuántas lo negamos? ¿Cuántas lo resistimos?

¡Qué cosa horrible, es la naturaleza humana!

“…pero hablamos la sabiduría de Dios en misterio, otrora oculta, la cual Dios preordenó desde la eternidad hacia nuestra gloria; sabiduría que ninguno de los poderosos de este siglo conocen; porque, si la hubieran conocido, jamás habrían crucificado el Señor de la gloria; pero, como está escrito:

Ni ojos vieron, ni oídos oyeron, ni jamás penetró en corazón humano lo que Dios ha preparado para aquellos que lo aman.” 1 Cor. 2: 7-9

Está ahí entonces, la razón de muchos sean impedidos de conocer la sabiduría de Dios; ella está reservada a aquellos que lo aman.

No conociendo la sabiduría de Dios, no conoceremos también a Dios, y no conociendo, cómo podemos afirmar que en él creemos?

“Entonces ellos le preguntaron: ¿dónde está tu Padre? Respondió Jesús: No me conocéis a mí ni a mi Padre; si conocéis a mí, también conocerías a mi padre.”

“Oí la palabra del Señor, (Jesús), vosotros hijos de Israel, (pueblo de Dios), porque el Señor tiene una contienda con los habitantes de la tierra; porque en ella no hay verdad, ni amor, ni conocimiento de Dios.”

Lo que sólo prevalece es perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar y hay allanamientos y homicidios sobre homicidios.” Oseas 4: 1-2

Esta es la visión profética de la tierra; el estado en que se encuentra. En los días en que vivimos, no es necesario tener la visión de un profeta, para asegurarse de esta verdad.

El mayor peligro que corre al hombre, sin embargo, no son estos males, sino el perder la oportunidad de apoderarse de lo que Dios le está proponiendo, vida eterna.

“Tú, sin embargo, oh hombre de Dios …

…Toma posesión de la vida eterna…” I Tim 6:11-12

“A este pueblo dirás: Así dice el Señor: He aquí que pongo delante de vosotros el camino de la vida y el camino de la muerte” Jeremías 21: 8.

Tomar la decisión, es competencia exclusivamente nuestra.

Jesús entendió perfectamente lo que Dios le dijo al profeta Jeremías. Él no se quedó en la “ciudad”, donde fatalmente moriría, salió y se rindió a los que le rodeaban, y vivió. Jer. 21: 9

Lamentablemente, es muy difícil para nosotros el entendimiento a este respecto. Aceptar a Jesús como Señor y Salvador, no es tan fácil como se piensa.

Todo lo que se refiere a la verdadera vida, él reveló, sin embargo nosotros insistimos en alguna cosa diferente y es, exactamente en este punto, donde estamos naufragando.

“En verdad, en verdad os digo que aquel que cree en mí tiene vida eterna.” Juan 6:47

Nosotros no estamos ante una afirmación cualquiera y sí, de una manifestación de la voluntad de Dios.

Hemos tratado de transcribir este versículo de una Biblia antigua, cuya traducción, expresaba correctamente: …el que cree en mí tiene vida eterna; porque entendemos que no basta creer, es preciso que se crea en Él para heredar la vida eterna.

En virtud de estos desencuentros es que estamos empeñando en localizar el pueblo de Dios o al menos realizar algo en este sentido. Lo que no puede suceder es quedarnos mirando para el tiempo, viendo la destrucción de la tierra, la corrupción de los hombres, la apostasía cada vez más visible y esperando la ira de Dios ser derramada sobre la tierra. Creo que Dios no se agradará de una actitud semejante. Si perdemos el sabor, fatalmente seremos pisados.

Continuaremos entonces, buscando entendimiento.

“El buey conoce a su poseedor, y el asno el dueño de su pesebre; pero Israel (Iglesia) no tiene conocimiento, mi pueblo no entiende.” Isaías 1:3

“Si el Señor de los Ejércitos no nos hubiera dejado algunos sobrevivientes ya nos habríamos convertido en Sodoma, y semejantes a Gomorra.” Isaías 1:9

A causa de estos sobrevivientes, encontramos fuerza para permanecer luchando.

De los aspectos observados en la Iglesia mostrada por Jesús al Apóstol Juan, mediante visiones, en la isla de Patmos, aunque todos son extremadamente importantes, queremos considerar, por ahora, algunos que ciertamente nos ayudarán a comprender el misterio que envuelve a la Iglesia, los cuales, sin duda , justifican nuestra comprensión a este respecto: Ap 21 y 22.

- La iglesia fue comparada: ora por ciudad; ora por novia; ora esposa; ora tabernáculo (casa); ora por pueblo; por los herederos e hijos de Dios (Ap Cap 21);

- Esta Iglesia vencedora, esta ciudad, este pueblo, tenía la misma gloria de Dios; era la Iglesia gloriosa.

- No fue visto en ella, santuario, (lugar de adoración); Juan 4:19-26.

- En ella nunca jamás penetraría alguna cosa contaminada, ni lo que practica abominación y mentira.

- De ella, se seca toda lágrima; la muerte ya no existiría; no habría luto, ni llanto, ni dolor; nunca más habría maldición.

Este pueblo glorioso, descendía del cielo.

De todo, esto, nosotros sacamos como enseñanza, detalles muy importantes y de gran validez en la comprensión y aclaración de las demás escrituras, a saber:

- Que la iglesia, la ciudad, la novia, la esposa, etc., se constituye por la agrupación única de personas de todas las razas, lengua, pueblo y nación.  Ap 5:9

- Que teniendo ella la misma gloria de Dios, nos lleva a entender perfectamente, que todos los miembros de aquel cuerpo se identificaban con la cabeza del cuerpo y que todos, indistintamente, alcanzaron también lo que Cristo alcanzó; nuevo cuerpo, glorioso, incorruptible e inmortal; (cuerpo celeste). 1 Cor 15:39 y Lucas 24:39

- Que Jesús, como hijo, (hijo de la primera creación) Genensis 1:27, dejará la casa de sus padres (la mujer aún no había sido separada del hombre, Dios es hombre y mujer, y Jesús es hijo del hombre de aquella creación, hijo de Dios); y se unirá a su mujer. Efesios 5:31 y Génesis 2:24 (iglesia redimida – vea en el diccionario el significado de la palabra remir), y se convertirán los dos una sola carne, no ésta, sino la carne del nuevo hombre, creado a semejanza de Dios (CRISTO) .

- Que por el hecho de no haber sido encontrado en ella ningún Santuario, refuerza, sobre todo, la idea del pueblo de ser el templo, la propia casa de Dios, y no los límites fríos de las paredes de un templo construido por manos de hombres. Hechos 7:48-49 y Hebreos 3:6

- Que aquella iglesia aún se mezcla con la que tenemos por aquí, razón por la cual, solamente después del exterminio de esta carne, dejará de penetrar en ella la cosa contaminada y lo que practica abominación y mentira.

Cuando la iglesia alcanzar la gloria prometida, cuando los muertos en Cristo resucitar y los vivos, que también estén en Él, sean transformados, jamás ella tendrá contacto con impurezas. Por ahora, esta universal asamblea, en cuyo liderazgo absoluto está el Señor, todavía recibe pecadores que son llamados a ser corregidos, visando su participación en la Santidad de Dios. Hebreos 12:10, Ap. 20:1-6, Hebreos 12:22-25 y Lucas 5:32

- Que las maldiciones, tales como: lágrimas, muerte, luto, llanto, dolor, etc; aún común en nuestro medio, de una vez por todas, dejará de existir, cuando pasamos a habitar definitivamente con el Señor. II Cor 5:4-8

- Que la iglesia gloriosa, fue vista bajando del cielo y no subiendo, lo que descarta la posibilidad de que se vuelva gloriosa en este cuerpo.

- Ella tendrá que ser transformada, (lo que ocurra individualmente), subir y juntarse a los demás, para después descender gloriosa como fue vista. II Tes 2:1, I Tes 4:13-18 y Ap. 21:2 y 10.

Vendrá a un nuevo cielo y una nueva tierra.

“Nosotros, sin embargo, según su promesa, esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los que habita justicia.” 2 Pedro 3:13

 

 

2.7 – ADORNADA COMO NOVIA: Ap 21:2

 

 

De todas las características observadas por el profeta, en la visión descrita en el capítulo 21 del Apocalipsis, una debe merecer mucha atención por parte de quien vive el Evangelio de Jesucristo: Se trata del modo como se presentaba a la mujer. Ella estaba vestida como una novia a la espera del novio o sea, tenía ya la posesión de la vestidura para cubrir su desnudez y aún más, retenía en su poder los adornos que la hacía bella a los ojos de aquel que iba a desposarla.

Nosotros sabemos que la novia sólo usa el vestido nupcial y se adorna típicamente, momentos antes de la celebración de la ceremonia de su boda.

Es también de nuestro conocimiento, que en aquel momento, sólo una preocupación ocupa la mente de la novia: ser vista con admiración por su novio y encontrar los ojos de todos los invitados.

Es, en la observancia de esos detalles que nosotros queremos someter a su evaluación y apreciación tres tópicos importantísimos que, juzgamos nosotros, relacionan la venida de Cristo con el comportamiento de la Iglesia, del pueblo que representará parte de aquel contemplado por Juan en la revelación apocalíptica de Jesucristo , dada al Apóstol con el fin de abrir nuestros ojos en cuanto a los acontecimientos futuros: Apocalipsis 1: 1

 

a) La novia, durante el compromiso, no se expone, a no ser para el novio y no acata otra opinión sino la de él, no es verdad?

Considerando este aspecto, ¿no sería el caso de la Iglesia estar siendo preparada a escondidas y siendo edificada exclusivamente por Dios?

¿Es común la novia dar atención a los extraños, aceptar sus regalos y caminar en sus caminos, arrogar para sí autoridad, cuando el novio está ausente?

¡Quién sabe el matrimonio ya ha sucedido y nosotros hemos perdido la oportunidad!

O aún, Jesús, vendría a desposar a una novia moderna, de nuestros días, actualizada, de las que apenas soportan las bodas y son llevadas a la prisa para la maternidad. ¿Sería éste el modelo de novia ideado por Dios?

Es evidente que no imaginamos este tipo de comportamiento para la Iglesia, para el pueblo, para la ciudad edificada sobre los fundamentos dejados por los Apóstoles, al contrario, mujer de esa especie nos recuerda la figura de aquella vista por Juan montada en una bestia (Ap. 17:3), lo que deja entrever claro, su dominio sobre alguna cosa, que no es otra que los pueblos, multitudes, naciones y lenguas. (Ap. 17:15) Dominio este alcanzado a costa de su prostitución, mentira y engaño. Se enriqueció, se vistió de la mejor forma posible; se enorgullecía de sus acciones; ostentó su riqueza y su lujuria ante los hombres.

Seria o caso de Jesus vir e encontrar aqui uma noiva com todas essas pompas? Governando, asumiendo el control de todos los negócios, vendiendo, comprando, dando poderes y negociando con los bancos?¿Acaso, fue ésta la tarea dejada por el novio al ausentarse por un poco de tiempo?

La tierra en verdad, será nuestra posesión definitiva, sin embargo, no podemos reinarla sin Él. El gobierno del mundo, un día será nuestro.

Sin embargo, es necesario esperar el Señor volver y asumir este reino.

“Cierto hombre noble partió hacia una tierra lejana, con el fin de tomar posesión de un reino, y volver.” Lucas 19:12.

Cuando Él volver, espera encontrar a sus siervos, realizando los servicios determinados por él y no, ignorando su autoridad. A pesar de ausente, cuenta con la fidelidad de aquellos que concuerdan con su dirección y lo aguardan.

Es verdad que no todos obedecen y pasaron a hacer las cosas sin consultar el Señor, reinaron solos como si el Señor nunca más volviese. Hicieron de acuerdo con sus propias ideas. Cuando el Señor volvió, todos tuvieron que rendir cuentas de los servicios aquí realizados. Aquellos sin embargo, que no quisieron que el Señor reinara sobre ellos, también fueron llamados a la presencia del Rey para responder por sus actos. (Lucas 19: 11-27)

“Cuánto, sin embargo, a esos mis enemigos, que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y ejecúalos en mi presencia.” Lucas 19:27

“Los reyes de la tierra, los grandes, los comandantes, los ricos, los poderosos y todo esclavo y todo libre se escondieron en las cuevas y en los acantilados de los montes, y dijeron a los montes y las rocas: Caí sobre nosotros, y nos escondí de la cara de aquel que se asienta en el trono…” Ap 6:15-16

¿Por qué escondieron? ¿Cuál es la razón de la vergüenza? ¿No sería en consecuencia de la gran decepción y arrepentimiento de que fueron tomados, por no haber creído en las palabras de Jesús?

Ya no se hallaba más, en la cabeza de nadie, la vuelta del Señor para gobernar la tierra. Su novia sí, esta esperó todos los días su venida. Estaba siempre lista, debidamente adornada; temía ser encontrada de repente, por el novio, desnuda y no vestida.

La expectativa del pueblo de Dios, en relación a aquel que vimos a poco, desesperado, sorprendido, sacudido con los acontecimientos de aquel día, es completamente diferente, si no veamos:

“Entonces oí una voz de gran multitud, como de muchas aguas, y como de fuertes truenos, diciendo:”

“¡Aleluya! Porque reina el Señor nuestro Dios, el Todopoderoso.

Alegrémonos, exultemos, y le dimos la gloria, porque son llegadas las bodas del Cordero, cuya esposa a sí misma se atavió, pues le fue dado vestirse de lino finísimo, resplandeciente y puro.” Ap 19:6-8

“El reino del mundo se ha convertido de nuestro Señor. “Gracias te damos, Señor Dios, Todopoderoso, que eres y que eras, porque has asumido tu gran poder y has pasado a reinar.” Ap 11:15-19

 

b) Segundo punto de característica importante: ¿No es la novia la persona que tiene una relación más íntima con el novio?

Este segundo aspecto relacionado con la novia, nos asegura que la iglesia de los últimos días o últimas horas, como quieran, irá, para cumplir las escrituras, aumentar su intimidad con Dios, llegando a ser conocida y conocerlo profundamente, además, para esto existe el compromiso, para una mayor aproximación entre los novios.

Con esto, ¿no sería la novia, la persona más indicada para transmitirnos los conocimientos y las ideas relativas al novio?

¿Será que las otras mujeres, con quien el novio no se relaciona, sabe informar tanto como la novia, a los asuntos que envuelven la celebración de las bodas? ¿Esta cuestión no está vinculada a los intereses sólo de los novios?

“Pero lo que para mí era lucro, esto consideré pérdida por causa de Cristo.

Sí, de verdad considero todo como pérdida, debido a la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús mi Señor: Por amor del cual, perdí todas las cosas y las considero como rechazo, para ganar a Cristo, (casarse con él), y ser hallado en Él, no teniendo justicia propia, que procede de la ley, sino la que es mediante la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios, basada en la fe; para conocerlo…” Fil 3:7-11

Este sí, sin duda, es el espíritu de la novia. Su interés por el novio es realmente diferente. Su mente está ocupada constantemente en agradarle, en realizar mucho más la voluntad de Él que propiamente la suya.

¡Que diferencia! ¡Qué distancia existe entre esta y aquella!

 

c) El tercer punto que se analizará es el siguiente:

En vísperas de la venida de Cristo, cuanto más se acerca a su regreso, no es también el tiempo en que la novia debería vestirse apropiadamente, una vez que el encuentro entre ambos es visto como la celebración de un matrimonio?

Y si así consideramos; si creemos en la vuelta de Cristo; si las señales apuntan la aproximación de su retorno, porque entonces no abrimos nuestros ojos y preguntamos: ¿Dónde está la novia? ¿Dónde está el pueblo cuya pureza, santidad, obediencia, justicia y procedimiento, lo habilita a ser visto por Dios, con la apariencia de una novia caminando hacia el novio, para el último acto de su compromiso? ¿Dónde está este pueblo: inmaculado, sin mancha y sin arruga?

Buscándolo, fuimos a buscarlo en el medio político, entre los gobernantes, entre aquellos que están regiendo las naciones en estos días y sinceramente, no pudimos distinguirlo allí. Por el contrario, fue lamentable el cuadro que encontramos.

No encontrando allí, lo buscamos entonces entre los comerciantes, los industriales, entre los mercaderes de esta tierra y la tristeza continuó, porque lo que vimos en aquel medio, fue un pueblo codicioso, egoísta, amante de sí mismo, cuidando exclusivamente de sus intereses.

De allí fuimos a buscarlo entre las familias, entre los padres, entre los hijos, entre los viejos y jóvenes, entre las parejas y entre los novios. Al principio, creemos que es más fácil encontrar al pueblo de Dios aquí. Sin embargo, verificamos que éstos eran los mismos que estaban entre los políticos y los mercaderes. Las familias estaban involucradas de tal forma en el sistema, que no se podía notar su funcionamiento individual. Los padres para un lado, las madres para otro, los hijos entregados a su suerte, creciendo sin ninguna orientación, a no ser incentivos a la prosperidad financiera, la lujuria y la grandeza. Los jóvenes asimilando rápidamente las costumbres brutales de la época: promiscuidad, insubordinación, rebeldía, desgobierno, etc.

Entre los más viejos, donde se pensaba encontrar alguna actitud diferente, que viniera a combinar con los principios cristianos, no fue menor la decepción. Estaban, tanto como los demás, perdidos, vencidos, confusos y decepcionados. Sin embargo, manteniendo la misma rebeldía que heredaron de los padres y legaron a los hijos.

- Finalmente, llegamos a los novios, a los futuros padres, y sentimos penalizados ante la concepción que hacían acerca del matrimonio; desconocían totalmente el propósito que lleva a dos personas a unirse en matrimonio. Y así, no pudimos localizar también, el pueblo de Dios, en este medio.

¿Dónde podríamos encontrarlo? ¿En qué lugar de esta tierra estaría la novia a la espera del novio?

La esperanza vendría a renacer cuando nos vino al recuerdo, la gran posibilidad de encontrar a los hijos de Dios entre los religiosos, en sus diferentes denominaciones, y vean la sorpresa que tuvimos: Ellos se componían también de aquellos políticos, mercaderes y familias que vimos en otros lugares. Aunque la apariencia ha causado gran dificultad, no nos fue posible distinguir entre ellos, el pueblo que practica la justicia de Dios.

Incluso teniendo absoluta certeza de la existencia de un pueblo, que vive en las condiciones establecidas por Dios, sobre esta tierra, fue en vano nuestro intento en el sentido de verlo como un todo, viviendo separado de los demás pueblos.

Continuamos entonces preguntando: ¿Dónde estaría la novia de Cristo? ¿Con qué pueblo podríamos compararla?

¿Tendrían las escrituras sagradas respuesta a nuestra pregunta? Sí. Fue allí, exactamente allí, que entendemos que es imposible ubicarla de la forma en que queríamos.

La novia de Cristo, no se manifestará durante la ausencia del novio. Ella no aceptó las costumbres de los demás pueblos. Espera virgen y pura, por el novio que prometió volver para desposarla.

“Por lo tanto, si fuisteis resucitados juntamente con Cristo, buscad las cosas allá de lo alto, donde Cristo vive, sentado a la derecha de Dios.

Pensad en las cosas allá de lo alto, no en las que son aquí de la tierra; porque moriste, y tu vida está oculta junto a Cristo, en Dios.

Cuando Cristo, que es nuestra vida, se manifiestar, entonces vosotros también seréis manifestados con Él, en gloria.” Col. 3: 1-4

Entendí que el pueblo que yo buscaba, se encontraba esparcido por todas partes y, para el mundo, estaba muerto, razón por lo que el mundo no lo reconocía como pueblo.

Pude comprender también que la vida de este pueblo está en Cristo y Él no vive aquí. Por tanto, su revelación está condicionada a la manifestación gloriosa de Cristo.

Me vino a la memoria, que lo había buscado entre los ocupados con sus campos, juntas de bueyes e intereses propios y no me había recordado de buscarlo entre los pobres, lisiados, ciegos y cojos; entre los que están en las encrucijadas en busca de solución, de alivio; y reconocí que las escrituras se estaban cumpliendo. Que aquellos, donde al principio yo juzgaba encontrar a la novia, habían rechazado la invitación a las bodas del Cordero de Dios. Mateo 22:1-4 y Lucas 14:15-24

Vi también que el pueblo de Dios, para el mundo, se constituía en problema y no solución.

Que este pueblo afligido, enfermo, cansado, oprimido, perdido en las encrucijadas de esta vida, ciego por el entendimiento egoísta, deshonesto y usuario del dios de este siglo, era exactamente, el pueblo que Dios estaba invitando a sentarse, a su mesa, en su reino.

Vi que la novia existía, pero en el mundo jamás iba a reconocerla pues que su virtud, su encanto, su belleza no estaba expuesta al mundo, pero solamente al novio. Él sí, reconoce en ella al pueblo de Dios. Los invitados también, aquellos cuyas vestiduras están siendo blanqueadas por la sangre del Cordero, tienen en ella, profunda admiración.

Pude observar que la dificultad de localizar el pueblo de Dios, en distinguir la novia de Cristo entre las otras mujeres, llevaba las escrituras sagradas a cumplirse, anunciando la tribulación que antecedía al regreso de Cristo y la confusión prevista por Cristo mismo.

Como siempre sucede, el hombre, en general, nunca admite o espera que algo equivocado o algún mal pueda suceder en su propia vida. Nunca reconoce su engaño al preterir la tarea de Dios a sus propios intereses. Cuando, eventualmente, busca por Dios, es para solucionar un problema que impide en la realización de sus intereses o dificulta el gozo de su vida en este mundo. Para él, mientras el lucro, la victoria, el éxito y el dominio, andan a su favor, es gracias a Dios que los consegue, incluso usando medios ilícitos, injustos y en detrimento de otros. Practica la iniquidad y alaba a Dios por haberla practicado.

Entendí que el hombre natural, realmente, no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque le son locura. 1 Cor 2:14-16

“Por tanto, vigilad, porque no sabéis en qué día viene vuestro Señor. Pero considerad esto: Si el padre de familia supiera a qué hora vendría el ladrón, vigilaría y no dejaría que se rompiera su casa.

Por eso quedaos también vosotros percibidos; porque a la hora en que no cuidáis, el Hijo del hombre vendrá.” Mateo 24:42-44

Que no suceda con nosotros lo mismo que ocurrió en los días de Noé, cuando se cuidaban sólo en satisfacer sus deseos y visaban solamente sus propias realizaciones. Con esto, fueron sorprendidos con la inundación que no estaban esperando.

“Por cuanto, así como en los días anteriores al diluvio, comían y bebían, casaban y se daban en matrimonio, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no lo percibieron, sino cuando vino el diluvio y los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre.” Mat 24:38-39

Comprendí también que habíamos pasado de uno a otro evangelio. Que la Doctrina de Cristo no estaba siendo anunciada donde normalmente se esperaba oírla. Que la esperanza de resurrección en Cristo, factor preponderante en la Doctrina de los Apóstoles, que los llevó a anunciar, osadamente la palabra de Dios, había desaparecido por completo.

“Hablaban ellos aún al pueblo cuando vinieron los sacerdotes, el Capitán del templo y los saduceos; resentidos por enseñarles al pueblo y anunciar en Jesús la resurrección de los muertos; y los arrestaron…” Hechos 4:1-3

Estaba entonces, evidente a mis ojos, la razón por la que ya se podía notar, el corre-corre y la aflicción de mucha gente que busca por Dios; así como la indiferencia y la negligencia por parte de aquellos que se juzgan conocedores de la verdad. Entonces noté que los constructores estaban haciendo, nuevamente, poco caso de la principal piedra.

“Dos estarán en el campo, UN SERÁ TOMADO, y el otro dejado.” Mateo 24:40

Con la transcripción de este versículo, estamos concluyendo la segunda parte y dando inicio a una tercera parte, cuyo asunto, considero yo,  es de la mayor importancia. Se trata de la concientización nuestra, de la posibilidad de estar en una de esas dos situaciones, o sea: SER TOMADO o SER DEJADO.

A lo largo del trabajo hasta aquí realizado, intentamos mostrar, mediante ejemplos y comparaciones de textos bíblicos, con la vida presentada por el hombre en nuestros días, la real situación del ser humano en relación a Dios. Es evidente que no podríamos utilizar mejor fuente de consulta, sino la propia Biblia.

Estaremos plenamente satisfechos, si al final de éste, hemos dejado condiciones, al menos superficiales, para una evaluación sincera del título que llevamos.

En los días de Noé, no fueron salvos sino los que estaban en el arca. Lo mismo sucedió en los tiempos de Lot, después de su salida de la ciudad de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó a todos los que allí se encontraban. Luc 17:26-29

En los días en que vivimos, la palabra es: Salir de Sodoma y entrar en Cristo, el único lugar de salvación.

Cuando Cristo se manifiestar, manifestará también el pueblo de Dios. Nos corresponde exclusivamente a nosotros, la certeza de que estamos en Él.

“Porque nuestra patria está en los cielos, de donde también esperamos el Salvador, el Señor Jesucristo, el cual transformará nuestro cuerpo de humillación, para ser igual al cuerpo de su gloria…” Fil 3:20-21

 

 

CAPÍTULO 3 LOS QUE ESTÁN EN CRISTO, SERÁN TOMADOS

 

 

El pueblo de Dios buscado por nosotros, los hijos de Dios, están en Cristo.

Tal vez sea el momento más importante de todo lo que hemos visto: llegar a la conclusión de que somos miembros del Cuerpo de Cristo; hijos de Dios, componentes de su pueblo.

Jesús está edificando una Iglesia (pueblo), también denominada ciudad, a costa de piedras vivas y no muertas.

La primera piedra, la piedra fundamental de la ciudad fue Él mismo, por lo tanto, las demás piedras, evidentemente, se están juntando a Él. Si no podemos verlo, no podemos ver las demás piedras; ni las que lo siguieron ni las que están exiliadas por aquí. Así, vivimos en la esperanza y en plena confianza de que, al dejar este cuerpo, vamos a habitar con Él y los demás. Con esto, el cuerpo definitivo, está siendo tomado allí y no aquí.

”Sin embargo, estamos en plena confianza, prefiriendo dejar el cuerpo y habitar con el Señor.” 2ª Corintios 5:8

No obstante, nosotros creemos que somos participantes del pueblo de Dios y por la fe vivimos juntos. Somos miembros del mismo cuerpo, razón por lo que nuestro procedimiento, comportamiento y actitud, se asemejan a Él. Somos nuevas criaturas, extrañas al mundo. Todo para nosotros, aquí, se ha vuelto provisional. Nuestra casa es la casa de Dios, nuestro pueblo es también el pueblo de Dios y nuestra Iglesia es su Iglesia.

“Pero habéis llegado al monte Sión y la ciudad del Dios vivo, a la Jerusalén Celestial, y a incontables huestes de ángeles, y la universal asamblea e Iglesia de los primogénitos arrollados en los cielos, y a Dios, el Juez de todos, a los espíritus de los justos perfeccionados, y a Jesús, el Mediador de Nueva Alianza…” Hebreos 12:22-29.

Nosotros, por la fe llegamos a este lugar; al monte Sión, a la casa de Dios, a los cielos, de donde somos advertidos por el Señor, en cuanto a nuestro procedimiento y vida. (Capítulo 12 y Hebreos) (Miqueas 4:1-2)

El Cuerpo de Cristo, su casa, el monte Sión, la ciudad del Dios vivo, es esta universal asamblea. El Señor mismo la edifica, teniendo en nosotros sus colaboradores.

“Porque de Dios somos cooperadores…” 1 Cor. 3:9.

Cada uno recibirá su galardón, su recompensa, de conformidad con su propio trabajo. 1 Cor. 3:8

Individualmente, todos tendrán que recorrer el mismo camino. Todos somos de igual modo auxiliares en nuestra propia edificación y construcción del cuerpo como un todo.

Su participación como siervo de Dios, esclavo de la justicia, tiene doble propósito: edificar a sí mismo (Casa de Dios) y el pueblo (ciudad de Dios). Esto porque nosotros, individualmente, somos una casa en la ciudad o un miembro en el cuerpo.

Las casas de una ciudad no son todas iguales ni tienen idénticas finalidades, sin embargo, están bajo única administración.

El cuerpo, considerando en este caso el cuerpo humano, no recibe orientación de dos fuentes cerebrales, sin embargo, sus órganos tienen funciones diferentes.

Siendo así, existiendo con relación a Dios, una casa, una ciudad (Jerusalén Celestial), una universal asamblea, una Iglesia, un pueblo, un Señor, un Salvador, un Dios; es patente también la existencia de una sola dirección, un solo camino y una única orientación, (Cristo), para actividades y funciones diferentes.

No hay doble comando en la obra de Dios.

O somos convertidos al Señor y aceptamos su gobierno, o no estamos de acuerdo con Él y consecuentemente no admitimos su dirección.

“Hay sólo un cuerpo y un Espíritu, como también habéis sido llamados en una sola esperanza de vuestra vocación; hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos”.

El pasaje que transcribimos de la carta de Pablo a los efesios, quita toda posibilidad de comunión entre la luz y las tinieblas, o sea, la esperanza de alguien que discrepa de la Doctrina de Cristo pertenecer a su cuerpo, o sea, estar en Él.

“Entrando, sin embargo, el rey para ver a los que estaban a la mesa, notó allí un hombre que no traía vestido nupcial, y le preguntó: Amigo, ¿cómo entraste aquí sin vestido nupcial? Y él se hizo mudo.

Entonces ordenó el rey a los sirvientes: Amarra de pies y manos, y echad hacia fuera, en las tinieblas; allí habrá lloro y crujir de dientes.” Mateo 22:11-13.

Estar en Cristo es pertenecer a este cuerpo, es ser miembro de esta universal asamblea, es andar sobre la orientación y gobierno de Jesucristo. Quien está en Él no está fuera de Él y quien a Él no pertenece, fatalmente está fuera del cuerpo.

Es contra la ley de la naturaleza, una sola persona, ocupar dos lugares al mismo tiempo en el espacio.

Cuando alguien es convertido de las tinieblas a la luz, él deja de ser tinieblas y pasa a ser luz.

Al nacer de nuevo, el hombre que estaba muerto, revivió.

Quien vivía bajo el poder (gobierno, dirección, dominio) de satanás, pasa a andar mediante nueva orientación, al trasladarse de un lugar a otro.

Lo que era ciego y pasó a ver, evidentemente tuvo sus ojos abiertos.

“Vosotros, sin embargo, sois raza elegida, sacerdocio real, nación santa, pueblo de propiedad exclusiva de Dios, a fin de proclamar las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su maravillosa luz, vosotros, sí, que antes no eréis pueblo, pero ahora sois pueblo de Dios, que no habéis alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.” 1 Pedro 2:9-10

Lo que las escrituras están diciendo es exactamente, la imposibilidad de que alguien sea pueblo de Dios y no sea, al mismo tiempo.

 

 

3.1 – EL PUEBLO DE DIOS ESTÁ DE ACUERDO CON JESÚS

 

 

El pueblo de Dios está de acuerdo, en género, número y grado con Jesucristo. Lo que no es de Dios discrepa en alguna cosa. Tropieza en la piedra que fue puesta en Sión, con esta finalidad: evitar que alguien en ella entre por el muro y no por la puerta. La piedra principal es, para algunos, la piedra de tropiezo.

“Si alguien enseña otra doctrina y no concuerda con las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y con la enseñanza según la piedad, es enfadado, nada entiende, pero tiene manía por cuestiones y contiendas de palabras, de que nacen envidia, provocaciones, difamaciones, sospechas malignas,…”  I Tim. 6:3-21

Como vimos, el primer miembro del cuerpo de Cristo, fue Jesús, el hijo del carpintero.

“Por cuanto a los que de antemano conoció, también los predestinó para ser conformes a la imagen de su Hijo, a fin de que Él sea el primogénito entre muchos hermanos”. Romanos 8:29

No fue nada fácil para Jesús, como hombre, anunciar una doctrina que declaraba contra la opinión pública. Era la palabra de Dios contra nuestro punto de vista. La justicia de un lado y la injusticia de otro. La verdad traída por Dios mediante su Evangelio, en oposición a la mentira y el engaño repasados a nosotros por el diablo.

El hombre, lleno de injusticia, jamás podría aplicar de forma correcta, la ley establecida por Dios.

Tarea realmente difícil para Jesús, fue dar testimonio de la verdad.

“Yo para eso nací y para eso vine al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad oye mi voz”. Juan 18:37

Lo que más ofendió a aquel pueblo y lo que más nos ofende, es tener Él nos diga la verdad.

Siendo el primogénito (hijo mayor de Dios, el primer hijo), coloca a todos los que vivieron antes de él en la condición de no hijos de Dios y los venidos después de él, en su dependencia, para convertirse en hijos de Dios.

“Pero, a todos los que le recibieron, les dio el poder de ser hechos hijos de Dios; a saber: a los que creen en su nombre. (nacidos de nuevo) “Juan 1:12

“…fue el Evangelio predicado también a muertos, para que, aun juzgados en la carne según los hombres, vivan en el espíritu según Dios.” 1 Pedro 4:6

“…y nos mandó predicar al pueblo y testificar que Él es quien fue constituido por Dios Juez de vivos y de muertos.” Hechos 10:42

Vean que, escriturísticamente, parece que Dios no está jugando. Venido a concretarse, lo que estamos viendo en las páginas de la Biblia y lo que mucha gente no está tomando en serio, realmente, muy pocas personas estarán aptas para un rapto.

De esa universal asamblea, de ese cuerpo, de esa casa, harán parte solamente los hijos de Dios. Es la salvación; es vida eterna para quien creyó en Jesucristo; es la recompensa para quien vivió sus días en la carne con la esperanza de una nueva tierra; del advenimiento del mundo donde habrá justicia.

Este cuerpo (pueblo) está siendo formado y edificado por Dios y su conclusión se acerca.

 

 

3.2 – ARREPIÉNTANSE PORQUE EL REINO DE DIOS SE ACERCA

 

 

Parece broma, pero lo que Juan el Bautista dijo a casi dos mil años, continúa tan actualizado hoy, como en aquellos días.

“Arrepiéntanse, porque está cerca el reino de los cielos.” Mateo 3:2

“Puesto que todas estas cosas han de ser así deshechas, debéis ser tales como los que viven en santo procedimiento y piedad, esperando y apresurando la venida del día de Dios, causa del cual los cielos incendiados serán deshechos y los elementos abrasados se derretirán. ”

Nosotros, sin embargo, según su promesa, esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los que habita justicia.

Por esta razón, pues, amados, esperando estas cosas, comprometen por ser hallados por él en paz, sin mancha e irreprensibles…” II Pedro 3:11-14.

Jesús pensó así y vivió así; Pedro pensó así y vivió así; Pablo, y muchos otros pensaron y vivieron de esta manera.

Todos tuvieron el mismo destino y forman parte del pueblo de Dios, de la universal asamblea, de la Iglesia de los primogénitos. Con ellos están, Abraham, Isaac, Jacob y todos los profetas, aguardando, tan sólo, la entrada de los últimos y la tierra prometida.

“Cuando el dueño de la casa se haya levantado y se cerrado la puerta, y los de fuera, empezáis a golpear, diciendo: Señor, abre la puerta, él os responderá: No sé de dónde sois. Entonces diréis: Comíamos y bebíamos en tu presencia, y enseñáis en nuestras calles.

Pero él os dirá: No sé de dónde vosotros sois, apartaos de mí, vosotros todos los que hacéis iniquidades.

Allí habrá lloro y crujir de dientes, cuando veáis, en el reino de Dios, Abraham, Isaac, Jacob y todos los profetas, pero vosotros echados fuera. “Luc 13: 25-28.

Esta es la Doctrina de Cristo, así es como ellos pensaban.

Debe ser también ésta, la doctrina de los cristianos; y es así que debemos pensar. O entonces, no hay nada de cristiano en nosotros. Podemos estar ciegos, engañados, imaginando una cosa, cuando la realidad es otra muy diferente. Poco o nada resuelve decir: Yo creo.

Es exactamente esta, la finalidad de todo lo que escribimos: Abrir sus ojos y animarle a verificar, independientemente de cualquier compromiso religioso, para donde hemos caminado.

¿Cuál es la luz que le guía?

¿Su vida está fundamentada en alguna doctrina? ¿Y usted conoce la fuente de esa doctrina?

¿El testimonio dado por Jesucristo, su vida y resurrección no son suficientes para convencerle?

Hay esperanza para usted de vida en un nuevo cuerpo; en una carne incorruptible; en la tierra prometida, sin ninguna maldición, sin lágrimas, sin dolor, sin muerte, sin luto; de lado a lado con Jesús?

Los cristianos esperan por esto, mueren en esta esperanza. Para ellos, la verdadera vida está por venir.

“Y ahora, constreñido en mi espíritu, voy a Jerusalén, no sabiendo lo que allí me sucederá, sino lo que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me asegura que me esperan cadenas y tribulaciones. Pero, en nada considero la vida preciosa para mí mismo… ” Hechos 20:22-38

Así expresó el Apóstol Pablo:

“Atiende ahora, vosotros que decís: Hoy, o mañana, iremos a la ciudad tal, y allá pasaremos un año, y negociaremos y tendremos lucros.

Vosotros no sabéis lo que sucederá mañana. ¿Qué es tu vida? Sois sólo como neblina que aparece por instante y luego se disipa.” Santiago 4:13-14

Fue el parecer del Apóstol Santiago con relación a la vida en este cuerpo.

Por otro lado, había en todos ellos, comenzado por Jesús, absoluta certeza de otra vida, incomparablemente mejor que ésta.

“…en la esperanza de la vida eterna que el Dios que no puede mentir prometió, antes de los tiempos eternos, y, en tiempos debidos, manifestó su palabra…” Tito 1:2

Jesús divulgó su Evangelio, no dejando, en ningún momento, duda en cuanto a su objetivo: El de traer vida a los muertos.

Él no tenía ningún compromiso político, religioso, doctrinario o filosófico con quien sea; y por esta razón, puede realizar la voluntad de Dios. Anunció la vida eterna, hablando abiertamente la verdad.

Por esta causa él murió y en virtud de eso, Dios lo resucitó de entre los muertos.

“Tomando consigo los doce, les dijo Jesús: He aquí que subimos a Jerusalén y va a cumplirse allí todo lo que está escrito por intermedio de los profetas, en cuanto al Hijo del hombre; porque será entregado a los gentiles, escarnecido, ultrajado y escupido; y después de azotarlo, le quitarán la vida; pero al tercer día resucitará.” Lucas 18:31-33

La convicción que era poseedor de su resurrección al tercer día después de su muerte, lo llevaba a anunciar, sin temor, su doctrina, aunque sabemos que él buscaba toda esa fuerza en Dios, mediante constantes oraciones, clamores y llamamientos a aquel que lo podía librar de la muerte.

“Él, Jesús, en los días de su carne, ofreció, con fuerte clamor y lágrimas, oraciones y súplicas a quienes lo podía librar de la muerte, y habiendo sido escuchado por causa de su piedad…” Heb 5:7

Él tenía que probar a los hombres y principalmente a sus discípulos, la eficacia de sus palabras.

Por más que haya realizado señales a la vista de los hombres y demostrado su poder y autoridad por medio de la fe en Dios, quedaba siempre la duda en cuanto a la posibilidad de Él venir a resurgir de entre los muertos. La capacidad de los discípulos para realizar la obra de Dios era muy limitada, en razón de la incredulidad.

Una vez resurgido, ahora, no más en aquel cuerpo pero en otro, totalmente diferente, teniendo apenas apariencia del primero, sin embargo incorruptible, glorioso y sin las limitaciones, la deshonra, la debilidad, la incompetencia del primer hombre, llamó nuevamente a sus discípulos y golpeó en las mismas teclas durante cuarenta días; como diciendo: Yo no estaba bromeando con ustedes, lo que dije y digo ahora, son palabras de Dios.

“Como fue el primer hombre, el terreno; tales son también los demás hombres terrenos; y como es el hombre celestial, tales también los celestiales”. I Corintios 15:48

Él estaba allí, mostrando que la verdadera vida era completamente diferente en todos los aspectos, empezando por el cuerpo, por la carne, que en virtud del testimonio dado, se volvió gloriosa e inmortal.

La fe en Dios, la absoluta certeza de que Dios cumplía sus promesas, le dio la victoria; le aseguró vida eterna.

La resistencia encontrada por Él, la dificultad para agradar a Dios, la fuerza que el pecado ejercía sobre Él, en razón de estar habitando el cuerpo del pecado, habían sido completamente eliminadas. Tenía ahora su propio cuerpo, el tiempo de la humillación, para Él, había llegado a su fin. Él vivió en Dios para que vivimos en Él. Hizo la voluntad del Padre para que hiciéramos su voluntad. La voluntad del Padre y la voluntad de Él es que, no sólo Él, pero todos nosotros tengamos Vida eterna. Es su deseo que nosotros alcanzamos vida eterna, mediante la fe en Él; confiando en Él; creyendo en Él.

“Esto afirmo hermanos, que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción heredar la incorrupción.

He aquí que os digo un misterio: No todos dormiremos, pero transformados seremos todos, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, al resonar de la última trompeta.

La trompeta sonará, los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Porque, es necesario que este cuerpo corruptible se revise de la incorruptibilidad, y que el cuerpo mortal se revista de la inmortalidad,

Y cuando este cuerpo corruptible se revestir de la incorruptibilidad, y lo que es mortal revestir de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Tragada fue la muerte por la victoria.

¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte tu aguijón?

El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la ley.

Gracias a Dios que nos da la victoria por intermedio de nuestro Señor Jesucristo.

Por tanto, mis amados hermanos, sed firmes, inquebrantables, y siempre abundantes en la obra del Señor, sabiendo que, en el Señor, (en él, en Cristo) vuestro trabajo no es vano. “1 Corintios 15:50-58

Fue necesaria la transcripción de todos estos versículos para mejor comprensión y aclaración.

Cuando Pablo afirmó: He aquí, os digo un misterio, en verdad lo era. Son misterios que el Señor esconde de unos y revela a otros.

Carne y sangre no heredarán el reino de Dios. Esta afirmación misteriosa y muy importante, aclara mucha cosa.

El Apóstol deja claro que carne y sangre no pasan para el séptimo día, día del Señor.

Los muertos resucitarán, no importa si en la primera o en la segunda resurrección.

Los que estén vivos, en esa ocasión, serán transformados, o muertos.

Muchos, aún no han tenido el entendimiento correcto del fin, y, por esta razón, continúan alimentándose de ilusiones, casándose y dándose en matrimonio. En otras palabras, poco ligándose a lo que fue dicho por Dios.

La promesa de un nuevo cielo y una nueva tierra, todo indica, ser para el principio del milenio y no para el fin.

El profeta y apóstol Pedro en dos cartas escritas, las cuales fueron aprobadas por Dios, razón por la cual que se hallan adjuntas a la Sagrada Biblia, se aseguró, en ambas, de alertarnos acerca de los acontecimientos relativos a los últimos días, haciendo afirmaciones muy importantes, entre las cuales citamos:

-”Porque así os será ampliamente concedida la entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Por lo que no dejo de exhortarlos siempre acerca de estas cosas…” II Pedro 1:11 y 12.

EL OBJETIVO CONTINÚA SENDO: PREPARAR EL REINO DE DIOS

¿Qué cosas eran tan importantes así, que el Apóstol Pedro se aseguró de que tuviéramos conocimiento y recuerdo, incluso después de su muerte, tal como afirmó en el verso 15?

La voluntad de Dios es que creemos en Jesucristo para que tengamos vida eterna.

La preocupación de Pedro era que nosotros, aun con tanta orientación dada por Jesús, viniésemos a perder la oportunidad que nos está ofreciendo por Dios, no atentando para las enseñanzas de Él, manifestados al mundo por intermedio de Cristo. Con esto, Pedro llama nuestra atención a la práctica de algunos principios, juzgando él, precioso, en el sentido de impedir la esterilidad del conocimiento que poseemos del Señor nuestro Dios.

Asegurar la entrada en el reino de Dios, era, con relación a nosotros, el deseo del Apóstol. Para esto sugiere el máximo de participación de la naturaleza divina, evitando, con todo empeño, la corrupción que existe en el mundo; la cual es consecuencia del fuerte deseo existente en la carne.

El impresionante crecimiento del índice de corrupción en la actual generación, se debe, exactamente, al alejamiento del hombre de los principios cristianos.

Una cosa existe en función de la otra. En la misma proporción que desaparece la luz, se acerca la noche. El crecimiento de la iniquidad (injusticia, maldad, crueldad, ruindad, etc.) es, sin duda, la falta de justicia, bondad, comprensión, paciencia, humildad, respeto, consideración, etc.

Desaparece unos, mientras que los demás son manifiestos. Esto es más que evidente.

Aunque tengamos, como nunca, “creyentes” en la tierra; pocos son los cristianos en la acepción exacta de la palabra.

En razón de esta verdad, no nos es alentadora la situación actual. Ni siquiera, los llamados “creyentes”, se preocupan por sus entradas en el reino de Dios, juzgando tal vez, tenerlo ya alcanzado; aun sabiendo que carne y sangre, los que poseemos hoy, no entrarán en el reino de Dios, ni la corrupción (depravación, soborno, desmoralización, escándalos) heredará la incorrupción. Por lo tanto, lo que existe hoy, no es reino de Dios.

En el reino de Él no habrá carne, sangre y mucho menos corrupción.

En este caso, prevalece, con vistas a la salvación, la determinación de Cristo: “…búsqueda, pues, en primer lugar, el reino de Dios y su justicia…” Mateo 6:33

“…venga tu reino, haz tu voluntad, en la tierra como en el cielo …” Mateo 6:10

Considerando la afirmación de Jesucristo: “pasará el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasarán”, creo yo, que la voluntad de Dios más días o menos días será realizada en la tierra. Y para que esto se concretice, este cuerpo corruptible tendrá que revestirse de la incorruptibilidad; el cuerpo mortal de la inmortalidad y el gobierno, el reino se convierte en el Señor Jesús. Sin embargo, Él no reinará sin nosotros y mucho menos nosotros sin Él.

La primera providencia del Señor, cuando Él asumir el reino del mundo, será derramar la ira de Dios sobre la tierra y destruir a todos los que están destruyendo la tierra. Ap. 11:15-19 y II Tes. 1:7-10

El hombre ha destruido la tierra, físicamente y moralmente, practicando la injusticia. Es la degradación total del ser humano, por no haber creído en la verdad, antes, deleitándose en la injusticia, en el engaño y en la mentira.

“¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: ni impuros, ni idólatras, ni adúlteros, ni afeminados, ni sodomitas, ni ladrones, ni avaros, ni borrachos, ni maldicientes, ni robadores heredarán el reino de Dios.” 1 Corintios 6:9

Vea si no es esa especie de gente que compone el mundo de hoy.

“Ahora bien, las obras de la carne son conocidas, y son: prostitución, impureza, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, porfías, celos, iras, discordias, disensiones, facciones, envidias, bebedices, glotonerías y cosas semejantes a éstas, al respecto de las cuales yo os declaro, como ya otrora os he prevenido, que no heredarán el reino de Dios los que tales cosas practican.” Gálatas 5:19-21.

“Sabed, pues, esto: ningún incontinente, o impuro o avaricioso, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.” Gálatas 5:5

“Y, habiendo anunciado el Evangelio en aquella ciudad, y hecho muchos discípulos, volvierona Listra, Iconio y Antioquía, fortaleciendo las almas de los discípulos, exhortándoles a permanecer firmes en la fe; y mostrando que, a través de muchas tribulaciones, nos importa entrar en el reino de Dios.” Hechos 14:21-22

“…y el vuestro mutuo amor de unos para con los otros, va aumentando a tal punto que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, a la vista de vuestra constancia y fe, en todas vuestras persecuciones y en las tribulaciones que soportan, señal evidente del recto juicio de Dios, para que seáis considerados dignos del reino de Dios, por el cual, en efecto, estáis sufriendo;” II Tes. 1:3-5. ¿Era esto que se veía en las Iglesias de Dios, un poquito diferente de lo que está sucediendo hoy, no?

Muy justa, era la preocupación del Apóstol Pedro en alertarnos, en abrirnos los ojos en el sentido de nosotros esforzamos al máximo en asegurar nuestra entrada en el reino de Dios, mediante un procedimiento sano y, sobre todo, honesto en relación a Dios, que va de la diligencia (búsqueda, investigación), pasando por los demás predicados inherentes al cristiano, hasta la formación de discípulos, o sea, contribuir en la edificación de los hijos de Dios, los cuales son generados, mediante el Evangelio de Cristo (semilla incorruptible).

Si no tenemos esta preocupación; si entendemos que es justa y satisfactoria la vida en este cuerpo; que hay posibilidad de que venimos a reinar, sin el retorno de Cristo; de la Iglesia ser gloriosa (dominar), desde el punto de vista de los hombres; de nosotros alcanzamos una vida abundante (considerando, en este aspecto, la inexistencia de problemas, aflicciones, etc.), estaremos engañados y contrariando la Doctrina de Cristo. La sabiduría de Dios es una locura para el mundo. No tiene como el mundo seguir los ejemplos de la verdadera Iglesia de Cristo. No hay comunión entre la luz y las tinieblas, ni el acuerdo entre Cristo y Belial.

Los cristianos esperan: por una nueva tierra, nuevos cielos, nuevo gobierno, nuevo cuerpo, nueva vida (la verdadera vida prometida por Dios) y por la venida de nuestro Señor Jesucristo.

 

 

3.3 – SOLO ANDAREMOS JUNTOS SE HAYA ACUERDO ENTRE NOSOTROS

 

 

“Andarán dos juntos, si no hay entre ellos acuerdo?” Am 3:3

Ahora, creo que ya estamos en la recta final, cerca del entendimiento que buscamos.

¿Por qué los cristianos aguardan estas promesas, estas cosas tan enfatizadas por todos los apóstoles?

Es evidente que aceptaron la Doctrina de los Apóstoles y siguen la misma dirección. Están perfectamente ajustados a sus enseñanzas y consecuentemente a la orientación de Dios, porque fue del Señor, de Dios, que los Apóstoles recibieron lo que nos transmitieron. Sus testimonios, poseen total aprobación de Dios y aceptación nuestra.

“También considero justo, mientras estoy en este tabernáculo, (cuerpo humano corruptible), despierta con esos recuerdos, seguro de que estoy a punto de dejar mi tabernáculo, como efectivamente nuestro Señor Jesucristo me reveló.

Pero, por mi parte, me esforzará diligentemente por hacer que, en todo momento, después de mi partida, conserven recuerdos de todo.

Porque no os damos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, siguiendo fábulas ingeniosamente inventadas, pero nosotros mismos fuimos testigos oculares de su majestad… ” II Pedro 1:13-16

La Iglesia primitiva (los primeros cristianos) tenía algo que falta en la Iglesia (pueblo de Dios) de hoy.

Este algo se llama amor a Dios.

Aquellos hombres, en el principio, aprendieron de tal manera a amar al Señor Jesús, que dieron sus propias vidas en defensa de la Doctrina de Cristo. No cedieron en absolutamente nada. En razón de esto, los acompañaron, maravillosas señales que confirmaban todo lo que ellos decían.

“… que confirmo la palabra de mi siervo, y cumplo el consejo de mis mensajeros…” Isa 44:26

“Sin embargo, se demoraron allí mucho tiempo, hablando osadamente en el Señor, el cual confirmaba la palabra de su gracia, concediendo que por mano de ellos se hicieran señales y prodigios”. Hechos 14:3

La única manera de que alguien probar su amor a Dios es defendiendo, protegiendo, guardando, luchando en favor de la Doctrina de Cristo, que es la palabra de Dios.

“Si alguien me ama, guardará mi palabra…”

- Quien no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que estáis escuchando no es mía, sino del Padre que me envió.” Juan 14:23-24.

“Quien no me ama, no guarda mis palabras.”

El sentido del verbo guardar, empleado en los versos arriba transcritos, no es otro sino dar, a la palabra de Dios, protección, haciendo que ella sea preservada, aunque tengamos, en los días en que vivimos, todo contribuyendo para que esto se vuelva casi imposible.

Guardar la palabra de Dios, no trata solamente en hablar lo que está escrito en las escrituras sagradas. Es necesario entender para creer. Es necesario conocer la Doctrina de Cristo, su pensamiento, su punto de vista, su justicia; para que, una vez de acuerdo, esto venga a tornarse también, nuestra doctrina, nuestro pensamiento, nuestro punto de vista, nuestra justicia.

En Romanos 1:17, el Apóstol Pablo, inspirado por Dios, dijo así: “…la justicia de Dios se revela en el Evangelio, de fe en fe…”

Justicia, se dice, de lo que está conforme a la ley.

Lo que está, de conformidad con la ley de Dios, nosotros sólo vamos a encontrar, a través del Evangelio de Cristo, es decir, de su Doctrina.

Jesús trajo para nosotros la Palabra de Dios, su justicia, su opinión acerca de la ley.

El Evangelio es la práctica de la Ley de Dios.

Cuando la Doctrina de Cristo está en nosotros, cuando nuestra opinión es la misma opinión de él, Él está en nosotros y nosotros estamos en Él.

Es Cristo en nosotros y nosotros en Cristo. Él de acuerdo conmigo, apoyando mis actos, mis acciones, reacciones y actitudes; y yo, en nada discrepando de su Doctrina.

“…el día en que Dios, por medio de Cristo Jesús, juzgar los secretos de los hombres, de conformidad con mi Evangelio.” Romanos 2:16

Al expresar: “mi Evangelio”, el Apóstol no se refirió a una doctrina diferente de la Doctrina de Cristo. Al contrario, estaba convencido de haber alcanzado la Unidad con Dios. Él estaba en Cristo y éste en él. Por tanto, su palabra, su doctrina, su Evangelio, era el mismo de Cristo.

“En verdad, en verdad os digo: Quién recibe aquel que yo enviar, a mí me recibe; y quien me recibe, recibe aquel que me envió.” Juan 13:20

Conclusión: La palabra de Dios (su opinión, su justicia, su punto de vista), viene para nosotros, por intermedio del que Dios envía.

Dios envió a Jesús que dijo: “…la palabra que estás oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.” Juan 14:24

Jesús, como enviado de Dios, envió discípulos que anunciaron la misma Doctrina, el mismo Evangelio, la palabra de Dios.

“Crecía la palabra de Dios y, en Jerusalén, se multiplicaba el número de los discípulos; también muchísimos sacerdotes obedecían la fe.” Hechos 6:7

“Oyendo los Apóstoles, que estaban en Jerusalén, que Samaria había recibido la palabra de Dios, (Doctrina de Cristo) le enviaron Pedro y Juan;” Hechos 8:14

“Llegó al conocimiento de los Apóstoles y de los hermanos que estaban en Judea que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. (Evangelio de Cristo).” Hechos 11:1

“Sin embargo la palabra del Señor crecía y se multiplicaba.” Hechos 12:24

“…Este, habiendo llamado a Bernabé y Saulo, deseaba oír la palabra de Dios.”

Entonces el procónsul, viendo lo que sucedió, creyó, maravillado con la Doctrina del Señor. “Hechos 13: 7 y 12

“Nosotros os anunciamos el Evangelio de la promesa (Cristo) hecho a nuestros padres,…”

Al salir ellos, les rogaron que el sábado siguiente les hablara estas mismas palabras.

El sábado siguiente, afluyó casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios.” Hechos 13:32, 42 y 44

“Así la palabra del Señor crecía y prevalecía poderosamente.” Hechos 19:20

Si quisiéramos, podríamos llenar páginas, mostrando, que la palabra de Dios, para hoy, sigue siendo el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

Quien no aceptar esta Doctrina, no tiene vida eterna, no cree en Jesucristo y en Dios que lo envió.

Esta persona, por su parte, está, asegurando su condenación, por no recibir el Evangelio de la salvación.

“…Cumplía que a vosotros en primer lugar fuese predicado la palabra de Dios; pero, puesto que a rechazáis ya vosotros mismos os juzgáis indignos de la vida eterna.” Hechos 13:46

¿Cómo vamos a defender una doctrina sin al menos conocerla?

Desafortunadamente, lo que preferimos es no tener conocimiento; es transferir la responsabilidad; es omitirnos en la expectativa de que alguien haga por nosotros.

Yo pregunto: En este caso, amamos a Dios?

Vamos a tomar la libertad y responder esta pregunta de la siguiente manera: Si usted se encuadra en este tipo de gente; le aseguro que no le ama y ni cree en Jesús; por lo demás, esto es lo que el Espíritu Santo realiza hoy Él prueba la incredulidad de los hombres. Los resultados están siendo confirmados mediante las obras que realizamos.

Llegará el día en que nadie más podrá ocultar su pecado. (falta de fe en Cristo).

“Cuando él venga (Espíritu Santo) convencerá al mundo del pecado, de la justicia y del juicio: del pecado, porque no creen en mí;…” Juan 16:8-9

Si el mundo no estuviera en pecado, es decir, si él creyera en Jesús, estaríamos en esta desorden universal? En esta falta de esperanza?

“Aquel que me ama, guarda mis palabras, lo que no me ama, no guarda las palabras de Dios”. Juan 14:23-24

El mundo no ama a Dios, razón por la cual rechaza la Doctrina de Cristo.

Hay una diferencia kilométrica entre ser miembro de una denominación, cualquiera que sea, y creer en Jesús. De la misma forma, no es menos la distancia entre lo que practica la justicia de Dios y el que sólo sabe de su existencia, ignorando, sin embargo, su doctrina.

También, no serán eximidos de culpa aquellos que están siendo engañados por falsa doctrina.

“Les propuso también una parábola: ¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el agujero?

El discípulo no está por encima de su maestro; todo aquel, sin embargo, que esté bien instruido será como su maestro.” Lucas 6:39-40

Por los resultados, se nota perfectamente que la orientación seguida por esta generación, no es proveniente de Dios.

El procedimiento del discípulo revela a su maestro: o Cristo, o anticristo.

No importa el lugar donde se encuentra o la denominación a la que pertenece.

El ser católico, bautista, metodista, asamblea, espiritista, testigo de Jehová, adventista, o cualquier otra clasificación, no le asegura el derecho al reino de Dios, pero lo cree en Jesús, el amar a Dios.

Si usted consiguir amar a Dios y continuar en comunión, concordando con las ideas de su denominación, el problema es exclusivamente suyo.

Quien quiera, toma su cruz y sigue a Jesús, de lo contrario, queda donde está.

“Y cualquier que no tomar su cruz, y venir después de mí, no puede ser mi discípulo.” Lucas 14:27

“Quien ama a su padre o su madre más que a mí, no es digno de mí; quien ama a su hijo o su hija más que a mí, no es digno de mí; y quien no toma su cruz, y viene después de mí, no es digno de mí.

Quien encuentra su vida, la perderá, quien, sin embargo, pierde la vida por mi causa, la encontrará.” Mateo 10:37-39

“Y he aquí que cierto hombre, intérprete de la ley, se levantó con el propósito de por Jesús en pruebas, y le dijo: Maestro, ¿qué haré para heredar la vida eterna?

Entonces Jesús le preguntó: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo interpretas?

A esto respondió:

Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, de toda tu alma, de todas tus fuerzas y de todo tu entendimiento; y amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Entonces Jesús le dijo: Respondiste correctamente; haz esto, y vivirás.” Lucas 10:25-28

No hay otra alternativa, la prueba de nuestro amor para con Dios, es creer en aquel que fue enviado por Él.

Haz esto también, ama a Dios para asegurar su participación en el reino de Dios, no olvidándose, sin embargo, de amarlo verdaderamente, con todo empeño, sin ninguna hipocresía.

Hermanos! Llegamos al final, aunque hemos dejado de transcribir mucha agua que nos vino al corazón. Sin embargo, sabemos que nunca podríamos agotar el asunto en un libro. La palabra de Dios corre como un río: se quita una porción de agua y luego otra porción ocupa aquel lugar.

“Jesús afirmó: Quién beber de esta agua (refiriéndose al agua natural), volverá a tener sed; aquel, sin embargo, que beber del agua que yo le der, (refiriéndose a su palabra), nunca más tendrá sed, para siempre; por el contrario, el agua que yo le daré será en él, una fuente a brotar para la vida eterna.” Juan 4:13:14

En la expectativa de haberlo hecho comprender nuestro intento; de no haber adulterado la palabra de Dios; de no haber creado una doctrina diferente, sino, tan sólo, sirviendo de canal para que el río llegase hasta usted, me restó todavía, el deseo de estas palabras venir a despertarlo y convertirlo, un defensor de la Doctrina de Cristo; un testigo vivo; y que de su interior venga fluir ríos de agua viva.

“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

Quien cree en mí, como dice la Escritura, de su interior fluirá ríos de agua viva.” Juan 7:37-38

El Señor prometió luz al atardecer. Por lo tanto, a pesar de la confusión, de los escándalos, de la suciedad, de la inmundicia en el medio religioso, haciendo el día mezclarse con la noche, caracterizando el atardecer, ya en esta época del tiempo, más para la noche que para el día; a pesar de todo esto, habrá luz, y en esta luz es que estaremos, hasta la venida del Señor, si Él nos permitir.

“Porque guardaste la palabra de mi perseverancia, también yo te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para experimentar a los que habitan sobre la tierra.

Vengo sin demora. Conserva lo que tienes, para que nadie tome su corona.

Al vencedor; lo haré columna en el santuario de mi Dios, y de allí nunca saldrá…”Apocalipsis 3:10-12

“Pero cualquier que guarda su palabra, el amor de Dios está en él verdaderamente perfeccionado: en esto conocemos que estamos en él.

Aquel que dice que está En Él, también debe andar como Él anduvo.” 1 Juan 2:5-6

“Hijitos, ahora, pues, permaneced en él, para que, cuando él se manifiestar, tengamos confianza y De Él no nos alejamos avergonzados en su venida.” 1 Juan 2:28

 

 

COMENTARIO FINAL

 

 

Esperamos que la lectura de este trabajo haya sido de gran importancia para usted.

Agradecemos su buen sentido y su comprensión, principalmente, en no realizar ningún juicio precipitado a nuestro respecto, pero quiera Dios, haya entendido la razón por la cual estamos empeñados en la defensa del Evangelio de Cristo.

Hay aquellos que nos han clasificado de insumidos e insubordinados, sin embargo, si nuestra condenación traer a la luz la justicia de Dios, nos sentiremos fomentados a permanecer en esa desobediencia.

Con tantos “doctores y maestros” por ahí, no vemos entonces el motivo del crecimiento de la iniquidad y las divisiones entre el pueblo de Dios.

Lo que buscamos es luz, y no se busca luz sino quien necesite de luz. Que nos permitan recogerla.

También, aquel que juzgar como inutilidad la realización de este libro, que lo haga sin ningún constreñimiento, porque no estamos dispuestos a contestaciones y parloteos inútiles.

Comprometerse en el sentido de que todos sean uno, no vemos por qué considerar herejía y sí, una probable participación en los beneficios provenientes de una oración extremadamente eficaz, hecha por Cristo mismo. Se trata, pues, de la voluntad de Dios para nosotros: Que todos, seamos uno; (por supuesto que esto se aplica a los hijos de Dios).

Dejamos siempre transparentar el motivo que nos ha llevado a todo esto, simplemente porque entendemos que Cristo, sin ninguna duda, es el único lugar capaz de reunir al pueblo de Dios.

No ruego solamente por éstos, sino también por aquellos que vengan a creer en mí, por intermedio de su palabra; a fin de que todos sean uno; y como eres tú, oh Padre, en mí y yo en ti, también sean ellos en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. “(Juan 17:20-21)

El creer en Jesús, por intermedio de la Palabra de Dios, traerá la unidad al pueblo de Dios.

“… ora, la palabra que habéis oído no es mía, pero del Padre que me ha enviado.” (Juan 14:24)

El lector tendrá unidad con nosotros si al término de un análisis, de los asuntos aquí ministrados, llegar a la siguiente conclusión:

ü  Que el estar en Cristo es pensar como Él; 1ª Cor. 11:3; Gal. 4:18; Ef. 5:23; Fil 2:5; Rom 8:9.

ü  Que pensar como Él, y practicar una doctrina diferente es un contrasentido; II Cor. 5:20; Filipenses 2:3-5; Efesios. 4:20; Col. 3:1-4.

ü  Que será imposible alcanzar una unidad en Cristo, es decir, que todos lleguen a pensar como Él, sin predicar su Doctrina; Romanos. 10:14.

ü  Que no se puede transmitir una doctrina sin conocerla, sin poseerla; Rom. 10:15; Juan 3:34.

ü  Que la Doctrina de Cristo es la luz (salvación); Lucas 2:28-32; Isaías. 2:5.

ü  Que los frutos, los resultados alcanzados por los hombres que no están en Cristo, evidencian la no aceptación de la Palabra de Dios y consecuente vida en pecado; Juan 16:9; 1 Juan 5:17; 1 Juan 3:24.

ü  Que la Palabra de Dios es la Doctrina de Cristo; Juan 1:1 y 1:14; Fil 1:27; II Tes. 1:8; Juan 14:6; Mateo 2:6.

ü  Que negar a Cristo es negar a Dios; Hechos 3:14; Judas 4.

ü  Qué falso profeta, maestro o doctor, será aquel que enseñe, en el nombre de Jesús, una doctrina diferente de aquella transmitida por Él o sus enviados; Ap. 3:9.

ü  Que el enviado de Dios habla (predica) la Palabra de Dios (Doctrina de Cristo), de lo contrario, no es enviado de Dios.

ü  Que convertir al Señor es pasar a aceptar su Doctrina.

ü  Y, finalmente, que Cristiano es aquel convertido al Señor Jesucristo; que hizo, de allí en adelante, un adepto de sus enseñanzas y defensor de su Doctrina.

 

Muchas otras conclusiones en este sentido, hemos de llegar; hecho que por señal está incluido en el objetivo que buscamos alcanzar: su propia edificación.

El Señor nos bendiga, dándonos entendimiento, sabiduría, fe y todo lo que juzgue necesario para nuestro crecimiento.

 

Original: portugués

Fecha de la traducción: 25.10.2018

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